De copa en boca: Delinquente Screaming Betty 2018

De copa en boca: Delinquente Screaming Betty 2018

Delinquente Wine Co.

Con-Greg Grigoriou, cabeza visible de  Delinquente Wine Co, elabora vinos con variedades originarias del sur de Italia en Riverland, al Este de Adelaide, en la Australia del Sur, zona seca y calurosa con claras similitudes con las tierras de origen de este vermentino.

Siempre he sido partidario de la elaboración de vinos con uvas autóctonas más que con mejorantes, pero claro, creo que en Australia nos podemos permitir la excepción de la regla habida cuenta de que no las hay tal y como las entendemos en el Viejo Continente.

En todo caso podemos decir que se ha buscado un terroir en el que las variedades italianas se adaptan a un clima, a unas necesidades hídricas y a una resistencia que les acercan a su zona de origen.


El vino:

Vinos elaborados a partir de uva cultivada de forma orgánica en Barmera y Loxton de forma artesanal en pequepos lotes según las parcelas y con una mínima intervención externa.

Fermentado en acero inoxidable con levaduras salvajes pasó 6 semanas con lías finas con el fin de aportar elgancia y untuosidad, además de complejidad aromática.

 Se busca una buena acidez, bajos en alcohol, pero frescos, no sólo en su contenido, sino también por su continente como queda reflejado en unas etiquetas dibujadas a mano por Jason Koen, amigo de la familia.

La cata:

Preciso color amarillo con reflejos alimonados.

Nariz exhuberante marcada por los aromas primarios con predomino de las sensaciones cítricas, mineral y con sensaciones de fruta blanca (pera) y amarilla (melocotón).

Boca fresca, crujiente y con muy buena acidez que se acentúa aún más con la presencia de sutiles burbujas de carbónico, dejando al final sensaciones salinas. Adictivo y para tomar «sin dolor».

Realmente para disfrutar los días de verano… o cuando le apetezca.

Fotografías: bodega y autor.

Vinos de copa en boca: Landra 2015

Vinos de copa en boca: Landra 2015

Landra 2015

De Martín Crustat ya hemos disfrutado con alguno de sus vinos, en concreto con Vimbio, aunque quizá sea éste su vino, Landra, su proyecto más personal, su «joya» más íntima, ya que sólo elabora una barrica de 225 l, con la dificultad que ello conlleva para conseguir alguna de sus escasas 290 botellas, aunque la labor de «busca y captura» merece la pena y por eso quiero compartir mis sensaciones con todos vosotros. 

Martin Crusat y Patricia Elola, biólogo y licenciada en medioambiente, comienzan en el año 2012 un proyecto personal en la parroquia de Goian (Tomiño) dentro del tramo final del valle del Miño y mirando a Portugal, que llamarán Adega do Vimbio, con castas de Albariño, Caíño blanco y Loureiro plantadas en 1985 sobre suelos mixtos de esquistos, arcillas y cantos rodados de origen fluvial.

No se asusten porque sea un vino blanco de 2015, es más, no me importaría haberlo dejado algún tiempo más en botella porque está ahora plenamente disfrutable, pero estoy seguro que ganará en complejidad. Quítense de la cabeza de que el mejor blanco es el elaborado el mismo año o como mucho el año anterior. Gran falacia que hay que eliminar de nuestras mentes.

 

El vino:

Elaborado por Martín Crusat fuera de la D.O. Rias Baixas, con un 50% de Caíño blanco y un 50% de Albariño.

Realiza una crianza en barrica bordelesa de roble americano usada durante 7 meses.

12% vol. PVP aprox. 20€

La cata:

Precioso color amarillo con tonalidades ambarinas que marcan una evolución temporal del vino. Limpio y brillante a la par que atractivo.

Aromaticamente hablando destacan sensaciones florales (jara), fruta amarilla (membrillo y melocotón) acompañadas de toques ahumados y recuerdos minerales e hidrocarburos. Complejo.

En boca muestra muy buena acidez, untuosidad, equilibrio y buen recorrido. Es largo y envolvente. Elegante y con volúmen.

Landra es un vino que destaca por su personalidad, su diferencia para con otros vinos de su zona y que presentado en cata a ciega descolocaría a los más experimentados catadores.

En resumen un buen trabajo de Manuel Crusat que habrá que seguir… si consigo alguna de sus escasas botellas.

Empieza la época veraniega, tenemos más tiempo y la sensación de ser un «Indiana Jones» en busca de un buen vino seguramente les llenará de satisfacción, casi más que si fuera el Santo Grial.

¡Salud y buen vino!

De copa en boca: Gorka Izagirre 2017

De copa en boca: Gorka Izagirre 2017

A estas alturas de la primavera nos vamos acercando irremediablemente hacia la próxima estación veraniega y empezamos a sentir como las pelusas de los chopos nos hacen estornudar, la boca se nos reseca y vamos demandando vinos más frescos que nos hagan el tránsito hacia el calor de una forma más agradable y placentera.

Reconozco que disfruto de los vinos blancos durante todo el año y no soy un cosumidor «estacional» de los mismos, al igual que tampoco me decanto por un buen espumoso sólo tras celebrar la llegada del Año Nuevo con el «corchazo» consabido -no lo digo por el TCA, sino por el pepinazo acústico que tanto gustan al común de los mortales-.

No es la primera vez que me acerco a los vinos elaborados en el País Vasco, bien como cata monográfica o bien como elemento incuido dentro de viajes marcados por el turismo y la gastronomía, y considero que se debe de apartar su concepto de vino menor y tal vez un tanto «menospreciados» por puro desconocimiento.

En definitiva cualquier tiempo es bueno para deleitarse con un buen vino y éste que les comento, lo es y se lo recomiendo, aún para aquellos inmovilistas que no salen del verdejo, y doy fe que los hay.

 El vino:

El txacolí Gorka Izagirre está formado por el ensamblaje al 50% de la Corbu Blanc (Hondarrabi Zuri) y de la Petit Corbu (Hondarrabi Zuri Zerratia) maceradas por separado y con una crianza sobre lías.

Las uvas son obtenidas de 21 hectáreas de viñedo de unos 20 años de edad cultivadas en 10 parcelas repartidas por 7 municipios diseminados por toda Bizkaia.

D.O. Bizkaiko Txakolina. 12 % vol.

La cata:

Vino blanco de color amarillo pajizo con reflejos verdosos acerados y con un ligero carbónico. Untuoso.

Aromas minerales que se acompañan por sensaciones florales y notas de herbáceas y fruta amarilla -manzana-. Recuerdos balsámicos y de fruta exótica (lichi y chirimoya) que para nada empalagan, amén de dotarle de complejidad aromática.

En boca se muestra elegante, con un buen recorrido y un carbónico sutil, muy bien integrado, que practicamente es sólo un ligero cosquilleo muy agradable.

Fresco, elegante, con muy buena acidez y buen recorrido. Glicérico, seco y con un toque final ligeramente amargo.

Advierto, ¡puede crear adición!.

De paso, les recomiendo que descubran los vinos de esta bodega. No sólo estoy seguro que les van a sorprender, sino que me lo van a agradecer.

¡Salud y buen vino!

Fotos de la Bodega y del autor.

De copa en boca: Sade 2016

De copa en boca: Sade 2016

Hace unos cuantos años que sigo, bueno seguía porque el programa que tenía en RNE3 Placeres Mundanos desapareció y estamos en ansia viva por su vuelta, a Orlando Lumbreras -Orly para los amigos-, y en la actualidad camino tras sus pasos en el mundo del vino tanto en elaboraciones amparadas bajo RubOr Viticultores -junto con Rubén Díaz-, como en la útlima? aventura enológica tras el proyecto Los Carbajales en el que  gracias al crowdfuning de un  grupo de enochalados, entre los que me encuentro, se ha conseguido recuperar una antigua bodega en Navalmoral de la Sierra. Pero esa es otra historia.

 Sade 2016 está elaborado con uva de albillo real de más de 80 años y de una única parcela asentada sobre suelos graníticos y arenas degradadas en el término de Cebreros, en plena Sierra de Gredos, nace este vino bajo criteros de agricultura biodinámica y con apenas intervención humana con la finalidad de expresar su máxima pureza.

Apenas 1000 botellas de un vino con una larga maceración con las pieles que le aportarán carácter y personalidad, además de estructura y nervio, y una crianza de 10 meses en barricas de 500 l. de cuarto uso en contacto con sus lías y sin realizar bazuqueos. 13,5% vol. Precio venta aproximado 19 €.

La cata:

Tiene un profundo color naranja-yema tostada. LLamativo.

Compleja nariz con notas de fruta amarilla y blanca, monte bajo y flores secas. Sensaciones terrosas y minerales.

En boca tiene finos taninos muy al estilo de un orange wine. Cierta sensación de calor, pero que aguanta bien en base a una buena acidez. Mantiene un excelente equilibrio y un buen recorrido. Me ha gustado y mucho, aunque reconozco que puede no ser a gusto de todos los públicos.

Con todo un vino marcado por la personalidad de uva, terruño y elaborador que no te deja indiferente.

De copa en boca: Corta y Raspa 2017

De copa en boca: Corta y Raspa 2017

Corta y Raspa Las 40 2017. Mayetería Sanluqueña

La verdad es que cuando uno tiene delante una botella de vino no sólo tiene curiosidad por probarlo, sino también por descubrir algo de su historia o de su origen, y este Corta y Raspa Las 40 es un cúmulo de preguntas, afortunadamente todas con respuesta.

En primer lugar habría que definir qué se entiende por «mayeto» , qué era, cuándo se dió, si existe en la actualidad o es una figura extinta y por qué aparece ahora de la mano de Ramiro Ibáñez. Así que iremos por partes.

La palabra aparece por primera vez en el Diccionario de la RAE en 1.803, estando definido como «viñador de escaso caudal«.

Dicho así de «frío» no nos aporta mucho, aunque si nos acercamos a la página de Callejuela encontramos una definición basada en la experiencia: «Personas de campo, de peoná y rato, llanas y con un gran conocimiento de la vid y todas sus labores. Contar con viña, lagar propio y bodega, habitualmente pequeña, eran los requisitos para ser Mayeto y encontrarse en el escalón más alto de la desaparecida clase media.» No en balde el padre de Pepe y Paco Callejuela, D. Francisco Blanco Martínez, Blanquito, lo fue durante 20 años.

La mayetería tuvo su época dorada en las zonas de Ronda y Sanlúcar de Barrameda, y consistía en una explotación agrararia en minifundo con el cultivo de hortalizas en la zona roteña, mientras que en Sanlúcar, Jerez o Chipiona era el campesino que cultivaba la viña. Sus inicios parten del s. XV cuando la Carta Puebla de Rota otorga terrenos a quienes se comprometieran a vivir y cultivar en La Mayetería.

En los años 80 y 90 desaparece la mayetería, y se pasa de la elaboración de su propio vino a la venta de la uva a las bodegas.

La figura quedó extinta hasta que en el 2016 y de la mano de Ramiro Ibáñez se reúnen tres mayetos: Antonio BernalJosé Manuel HaranaRafael J. Rodríguez para elaborar la primera añada de la «saga» Corta y Raspa con la finalidad de poner en valor el trabajo y elaborar sus propios vinos.

Por último sólo nos falta hacer mención al propio nombre del vino que no ha sido elegido de forma baladí ya que hace referencia «a un tipo de corte especial de la poda de vara y pulgar. Se hace un corte longitudinal seguido de otro en bisel, respetando la carrera de verde, señalando así al resto de faeneros, que pasen por esa cepa durante otras labores, que ese corte es correcto y no necesita modificarse en el futuro», tal y como queda definido en el blog de Federico Ferrer.

El vino.

Está elaborado por Rafael J. Rodríguez Jiménez en Sanlúcar de Barrameda de viñas de más de 30 años del pago de Las 40 en el Cerro de Añina. Fermentación alcohólica espontánea  en la que el mosto la realiza sin fortificación y una crianza en Bota con sus levaduras salvajes y sin apenas velo de flor.

La cata:

De color amarillo dorado, atractivo, limpio. Aromas protagonizados en sus inicios por la fruta amarilla (membrillo), frutos secos, sensaciones minerales (caliza), flores blancas y ligeros toques almizclados. Boca marcada por las notas salinas, se muestra fresco, amplio, con muy buena estructura y de medio recorrido dejando recuerdos de amontillado.

Me ha gustado. Me ha parecido distino, sencillo, pero no simple. Muy personal. Una vuelta a un pasado digno de recuperar. Bien elaborado y además la relación Disfrute-precio me parece muy buena ya que el PVP está sobre los 11,50 €.

¡Salud y buen vino!

Vinos de copa en boca: Primus Gutta 2017

Vinos de copa en boca: Primus Gutta 2017

PRIMUS GUTTA 2017 – LA CAVE DES NOMADES & THIERRY DIAZ

BANYULS-SUR-MER / CÔTE VERMEILLE/ FRANCIA

Vino elaborado en microbodegas por dos amigos, esta vez de la zona de Banyuls (Rosellón), José Carvalho de La Cave des Nomades y Thierry Diaz de Domaine La Martine, que forman parte de un colectivo de productores denominado Les 9 Caves. Viñas trabajadas en orgánico y de unas 3 Ha. de extensión.

Realizado con un coupage de variedades tintas y blancas  de la zona de Banyuls-sur-mer: Grenache Noir, Grenache Gris, Grenache Blanc, Macabeu, Syrah, Carignan, Merlot y Muscat.

Las uvas tintas permanecen 15 días en maceración, mientras que las blancas son sometidas a presión directa.

No tiene añadido nada de sulfuroso, las levaduras son indígenas y se embótelló sin filtración ni clarificación. En él se ha cuidado hasta la presentación con una etiqueta elaborada en corcho para remarcar su carácter orgánico. Beber sobre los 14-16ºC. 13,5% vol. PVP 12,00 €

La Cata:

En vista presenta un color cereza de capa baja y menisco ligeramente azulado. Limpio. Lágrima fina y densa.

Darle un poco de aire para que respire.

Aromaticamente se muestra muy frual predominando la fruta roja como la fresa o la grosella. Sensaciones florales y notas de pimienta molida y «piruleta» de fresa. Recuerdos de hoja de higera y monte bajo, junto con notas liegaramente especiadas.

En boca es fresco, crujiente, con un ligero toque carbónico. Muy agradable y con sensaciones de ligero verdor que no molestan. Tiene buena intensidad. Es goloso, rico y con una agradable acidez y tensión presente.

Un más que interesante vino, no sólo por su nacimiento de una joint venture entre dos bodegueros con ideas muy claras de cómo elaborar vinos alejados de toda «adición» externa, sino por el propio resultado: fresco, fácil de beber a la par que complejo en cuanto a sensaciones y realmente muy disfrutable a un buen precio.

Fotos: vellaterra.com, generationvignerons.com, La Cave des Nomades y del autor.

¡Salud y buen vino!