Anís del Mono

Bueno como prometí a La guarda de Navarra la historia del Anís del Mono parte de la epidemia de cólera que sufrió España en 1884, año en el que la citada población quedó a salvo de la misma debido a los efectos saludables que se le atribuían al anís.
Debido ello la gente empezó pedir anís de Monóvar, popularizándose como anís de Mono, incrementándose de forma considerable el consumo de la citada bebida.
Entre los comerciantes que se dieron cuenta del aumento de las ventas del anís se encuentra D. José Bosch Grau, quien observó que al pedir el anis de Monóvar como anís del Mono creó la botella de anís -hoy forma parte de nuestro acerbo instrumental- en el formato actual e incluyó la foto de de un simio -imagen en la que algunos creyeron ver a algún político de la época y otros a Charles Darwin-. Además si observamos con detalle el documento que sostiene el simio en su mano derecha se puede leer Es el mejor. La ciencia lo dijo y yo no miento” en alusión a las propiedades curativas que le precedían.
Bueno y esa es toda la historia del anís de Monóvar y cómo derivó al famoso anís del Mono.

Radio en silencio

Se decía en aquellas películas bélicas de la época y en mi caso es lo que va a pasar a partir de mañana porque …¡NOS VAMOS DE VACACIONES!.
La costa levantina nos espera como todos los años, y además haremos una incursión enogastronomicoturística en la bella Granada.
Contaremos a la vuelta, allá por finales de julio.
Para los que empiezan, que disfruten; para los que aún no se van, que todo pasa; y para los que no tienen… ajo y agua -pero que disfruten lo que puedan-.
Abrazotes.

IEC#2 – Iberoamérica en Cata: El Día del Blog #2

Hoy con motivo de la celebración de la 2ª cata iberoamericana en la que se debían de catar vinos elaborados en paises no iberoamericanos he seleccionado un vino que cumple con los requisitos pero con una clara influencia española.
El vino en sí es el Cannonnau Riserva 99 de Stella & Mosca, elaborado con cannonnau -garnacha- debido a la dominación aragonesa desde que en 1297 Jaime II de Aragón se apodera de la isla comenzándose una actividad agrícola constante, tanto a nivel legislativo como a nivel agrícola.
Entre los siglos XIII y XVIII se introducirán en la isla varias castas provenientes de la Península Ibérica, entre las que destacarían entre otras:

  1. La garnacha o cannonau (20% del viñedo actualmente) y productora de los vinos de más entidad.
  2. La cariñena o carignano (10% del viñedo)
  3. La bovale (nuestra monastrell)
  4. La giró de la que se elaboran vinos dulces naturales y secos y licorosos.

El vino muestra la siguiente cata:

En vista presenta un tono rubí con menisco atejado y lágrima fina y densa.

En nariz se muestran aromas terciarios, alacena, canela, clavo, barnices, almizcle y notas de flores azules.
En boca aparece equilibrado manteniendo una acidez correcta, con un paso de boca agradable y de mediana intensidad.
Me ha recordado a los riojas clásicos (Bosconia), pero no una acidez mucho menor.


De fiesta, anis y torero

Bueno pues después del revuelo que se produjo con la vuelta a los ruedos de José Tomás en la Monumental de Barcelona, se me viene a la cabeza la figura de Rafael González Madrid, Machaquito, torero nacido en Córdoba el 2 de enero de 1880.
Toma la alternativa el 16 de septiembre de 1900 en la última alternativa del s. XIX, habiendo inaugurado el coso de Sanlúcar de Barrameda en la temporada de 1899 -más unión entre toros y el vino no podía haber-, y se retira el 13 de septiembre de 1913.
Y todo esto viene a cuento de una bebida espirituosa que a mí me encanta y que suelo tomar después de las comidas con un cubito de hielo -no con agua, la llamada “palomita”- y que según nuestro médico actúa de digestivo natural.
Sí ya se, la gente se impacienta.
Estamos hablando de anís Machaquito, elaborado en Rute (Córdoba).
Este anís, según reza en su ficha es un “Producto elaborado en frío con aceites esenciales de matalahuga natural en grano (obtenidos después de destilarla en nuestros laboratorios), agua, alcohol destilado y azúcar, con 35º de alcohol. Se aconseja tomarlo solo o con hielo, en copa corta o vaso largo. Ideal para después de cada comida, con postres, café y acompañando repostería dulce.
Y doy fé de los beneficios saludables que tiene, aunque dejaré para otro día la historia del anís del Mono, que no tiene que ver con tal simio, sino con el Pueblo de Monovar (Mono-var) y de la epidemia de cólera que tuvo lugar.
¿Intrigados? pues a esperar el próximo capítulo.

De lecturas terminadas y blancos estivales



Como recomendación para aquellos que estén dudando qué libro leer a lo largo del verano acabo de terminar “La Catedral del Mar” de Ildefonso Falcones centrado en la Barcelona medival y teniendo como eje central la construcción de Santa María del Mar.

La verdad es que el libro cuenta con todos los ingredientes para enganchar desde el principio: intriga, pasión, excelente encuadre histórico y un buen ritmo narrativo realizado por Ildefonso Falcones que logra no sólo captar al lector sino crear un deseo por conocer los escenarios dónde tiene lugar el desarrollo de la novela.

Y como no solo de libros vive el hombre las 669 páginas animan a que el texto sea acompañado, en este caso, con dos buenos vinos blancos: Un albariño Maestro Mateo Tradición 2006 elaborado por Grandes Vinos de Galicia muy bien presentado con botella prácticamente negra troncocónica -tal vez a mejorar el corcho- de las que se elaboran 6.000 unidades.
Se muestra amarillo con menisco dorado, nariz marcada por las notas de flores blancas, cítricas, ligeros minerales y de fruta blanca, con un paso de boca untuoso, elegante, con buena acidez y recorrido. Si al principio se mostró huraño en nariz muestra una buena evolución de un día para otro, reafirmándome en que los albariños están mejor de una añada para otra.

El segundo de los vinos probados fue un blanco de Rueda elaborado con verdejo, Marqués de Irún que se muestra amarillo pajizo, limpio y brillante, con una nariz marcada por las notas a heno, maracuyá, pera y ligeros minerales. En boca muestra buena acidez, untuoso y con una amargosidad elegante.
Bueno y de momento, preparando el acopio veraniego porque la playa nos espera en breve y es malo pasar sed.

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