Demencia 2010: dieciséis años para domar una mencía
A comienzos de 2012, en la última cata de nuestro grupo en el restaurante El Candil de Salamanca, Nacho León, alma máter de Demenciawine, nos sirvió las primeras añadas de Demencia. Eran vinos potentes, 15 grados, con mucha fruta negra, mucha barrica y unos taninos que todavía no se habían calmado. Del 2009 escribí que era "un potro que había de pulirse en botella". El 2010 aún no estaba embotellado y esa noche sólo probamos de esa añada una rareza de apenas doscientas botellas magnum llamada La Batalla de la Coliflor.
Catorce años después he abierto mi última botella de 2010. La pregunta que me hacía era sencilla y algo incómoda: aquella promesa de guarda que acompañaba a estos vinos ¿era cierta o era la retórica habitual de una época en la que la potencia se vendía como virtud? ¿El potro purasangre se ha convertido en un ganador de Gran Derby?
De afición a proyecto.
El nombre ya decía mucho de su espíritu. Demencia de Autor nace de un juego de palabras (de-mencía) y en 2012 se presentaba como una afición en la que sus responsables trabajaban con plena libertad, sin la presión de un proyecto comercial al uso. Las viñas eran viejas, en ladera, sobre suelos bercianos de texturas diversas, y la elaboración se hacía en pequeños depósitos de 1.500 l. que permitían seguir cada lote de cerca.
La bodega ha cambiado mucho desde entonces: hoy trabaja sus viñas de Villafranca del Bierzo y Valtuille de Abajo sin arar y embotella vinos de villa y de paraje. Pero el 2010 pertenece a la etapa anterior, y conviene leerlo en ese contexto.
La añada y la elaboración.
En Castilla y León, 2010 fue un año más húmedo que 2009, con un invierno y una primavera lluviosos, un verano seco y un final de ciclo caluroso que aceleró la maduración. Son datos regionales, no específicos de El Bierzo, pero ayudan a entender por qué el vino alcanzó 15,5 grados, medio punto más que las añadas que probamos en el 2012.
Según la información técnica disponible, el Demencia 2010 procede de pequeñas parcelas de viña vieja, normalmente en ladera y con suelos y orientaciones diferentes. Fermentó de forma espontánea y pasó 15 meses en barricas de roble francés, los 6 primeros sobre sus lías con bâtonnage frecuente. Se embotellaron 4.056 botellas en agosto de 2012. Una nota de cata internacional de la época lo señalaba como posiblemente la mejor añada del vino hasta el momento, con la madera mejor integrada que en las primeras, aunque advertía que era un tinto para aficionados a los vinos potentes.
Un estilo que dividía opiniones.
Esa advertencia no era gratuita. Demencia representaba una forma de entender la mencía de El Bierzo que no convencía a todos. Cuando probé el 2008 en aquella cata del 2012 encontré fruta negra, mermelada de ciruela, tostados, chocolate y notas lácteas; en boca era secante y con un ligero amargor final, pero fresco y equilibrado. El 2009 me pareció más difícil con un tanino excesivo y algo de calor en boca que lo hacía más agresivo.
No todos lo vieron igual. El panel de Decanter puntuó este mismo 2008 con 83 puntos y uno de sus catadores lo describió como muy extraído, casi oporto y con un final cálido. Recomendaba beberlo entre 2013 y 2017. La propia ficha comercial del 2009 daba esa misma fecha como límite óptimo. Nadie, en aquel momento, pensaba en este vino a quince años vista, pero Nacho sabe jugar con el tiempo en sus vinos.
Demencia 2010, catado en 2026.
Abrí la botella en casa y la decanté con suavidad para separar los sedimentos acumulados tras catorce años en botella.
En vista se apreciaba un color picota de capa media y con menisco atejado. Lágrima fina y viva. En nariz desplegaba sensaciones de fruta negra madura (ciruela), balsámicos de regaliz, notas de incienso, café y guindas en licor acompañadas de apuntes mentolados y especiados. En boca el ataque es fresco y sedoso, con cuerpo, volumen y sensación golosa. Amplio, de largo recorrido y con una magnífica retronasal compleja.
La comparación con mis notas de 2012 no forma parte de una vertical: comparo vinos de añadas distintas catados en momentos distintos. Aun así el cambio de registro es claro. La capa alta y el menisco cardenalicio de entonces han dado paso a una capa media con ribete teja. Los tostados y los lácteos de la crianza han desaparecido y en su lugar aparecen notas de evolución como incienso o las guindas en licor, y un café que ya no recuerda a la madera nueva.
Como valoración, no puede ser otra que excelente. Lo más elegante del vino es la textura, que es precisamente lo que más le costaba en su juventud. Magnífica evolución en el tiempo que lo hace ser un gran vino que ha vencido al transcurrir de los años.
Lo que el tiempo resolvió (y lo que no)
Las dos objeciones que se le hacían a Demencia en su juventud eran el tanino y el alcohol. La agresividad del primero ha desaparecido: el tanino secante de 2012 es hoy una textura sedosa. La segunda tampoco se sostiene: con 15,5 grados, el vino no muestra el calor que sí señalé en el 2009 joven.
Pero conviene ser preciso sobre lo que demuestra una sola botella: que este vino en concreto, bien conservado, ha envejecido muy bien. No demuestra que el estilo de la época fuera el correcto. La propia bodega parece haber llegado a otra conclusión: El Demencia 2018 se quedó en 13,6 grados y se describió con más frescura y elegancia que las añadas anteriores, y la casa ha alargado la crianza hasta los dos años. El 2010 es, en ese sentido, un documento de una etapa que la bodega ha dejado atrás, pero que ha servido como ejemplo de una excelente evolución.
Conclusión.
Demencia 2010 cumple con lo que prometía: hacía falta tiempo, y éste ha transformado un vino de fuerza en un vino de textura. Pero que la promesa se haya cumplido no significa que fuera el único camino posible. Paciencia y estilo son dos cosas distintas, y este vino da la razón a la primera sin cerrar el debate sobre el segundo.
¡Salud y buen vino!
Comentarios del personal