Capataz Rivas

Desde sus inicios me subí al tren de la selección de vinos del Equipo Navazos y poder descubrir verdaderas joyas ocultas y olvidadas que merecían salir de la oscuridad para deslumbrarnos con toda su personalidad y complejidad, y en este caso de la mano de uno de los personajes tal vez más ocultos de cara al consumidor como es el capataz, tanto en las bodegas del Marco como de Montilla-Moriles.

En relación con la historia y características de este vino creo que lo mejor es dejarles la información que se describe en su web:

Rafael Rivas, durante varias décadas capataz de las Bodegas de La Guita en la Calle Misericordia de Sanlúcar hasta su jubilación en 2011, creó en 1986 esta solera compuesta por 15 botas bodegueras de lo que al principio era una manzanilla bien criada. La idea era tener dispuesta una manzanilla vieja de calidad excepcional por si en algún momento se hubiera querido utilizar para dar una ‘espuela’, siguiendo la tradición, al vino comercial de la casa.

Pero nunca se estimó necesario. Por eso, a fin de mantener su carácter y que no se amontillara, el capataz Rivas fue mimando estas 15 botas, tocándolas tan sólo de vez en cuando, incluso en años alternos, para extraer cuatro o cinco arrobas (equivalentes a 16 litros cada una) que eran repuestas con vino procedente de la mejor solera de La Guita. El resultado es una auténtica manzanilla pasada de singularísimo estilo. Como las de antes.

Otra característica que contribuye a hacer único este vino y darle un inigualable carácter biológico (intensas y aceradas sensaciones salinas en boca) es que las botas están llenas casi “a tocadedos”, muy por encima del nivel de 5/6 habitual en el Marco del jerez. De este modo, la lámina de levaduras (muy debilitada por la edad y por la escasez de nutrientes del vino) de estas vasijas no es tan extensa y puede mantenerse con el aporte de los escasos rocíos periódicos, cumpliendo su función de barrera entre el vino y el efecto intensamente oxidativo del aire.

Por otra parte, la debilidad y la escasa superficie de la flor no alcanza a mantener un intenso efecto sobre la manzanilla, que evidencia algunas elegantes notas oxidativas, así como un inicio de elevación del grado alcohólico, en torno a 16%.

Manzanilla pasada nº 59 en copa

La cata:

Muestra un precioso color amarillo dorado intenso, limpio y brillante. Atractivo.

Nariz compleja con muestras de crianza biológica (salina, miga de pan, frutos secos) y recuerdos oxidativos (barnices). Aporte de la albariza, maderas de alhacena «nobles» y yema tostada.

En boca es largo, untuoso, elegante y sápido. Excelente exponente de una manzanilla pasada con una retronasal compleja en el que se muestra una perfecta unión entre el recorrido biológico y el oxidativo.

¡Una verdadera joya!

Normalmente me encanta disfrutar este tipo de vinos en tiempos otoñales o invernales ya que los considero como vinos de reflexión -y no es que no lo haga en otras estaciones-, pero con 16% de vol. acompañan mejor con temperaturas más de rebequita. En todo caso estoy disfrutando con esta maravilla en pleno verano castellano y cuando empiezan las temporadas de canícula, luego no hay nada escrito.

No tengo que decirles que si se cruzan con este vino, no dude en agarrar fuertemente la botella y disfrutarla, porque es para hacerlo sorbo a sorbo.

Disfruten y ¡carpe diem!

Fotografía de cabecera de Equipo Navazos. Foto de vino en copa: autor.