Como es tradición -y en esta casa las tradiciones gastronómicas se siguen manteniendo- el día de todos los santos terminamos la comida con los tradicionales buñuelos a los que añadí unas floretas -hechas con harina, huevo, anís y azucar- que mi hija no había probado nunca -y todo hay que decirlo- también nos apetecían a los mayores.
Para acompañar nos tomamos una copa del Moscatel Toneles de Bodegas Valdespino. Obra maestra dónde las haya: denso, casi zaíno, con ese lágrima ambarina. Nariz explosiva con notas que van desde cáscara de naranja, chocolate, dátil, hasta canela, café. Y un paso de boca inolvidable: se mastica, con una acidez impensable y largo, largo, largo. Una retronsal en el que vuelven las notas marcadas en nariz.
El placer fue increschendo hasta lograr el éxtasis con el Toneles. Realmente «di-vino».

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