Tengo por costumbre cuando tengo días de vacaciones levantarme pronto y salir a andar. Mi paseo suele discurrir entre huertas de la ribera del Tormes, el paseo fluvial y zonas de urbanizaciones. Es lo que tienen las ciudades pequeñas, que todo está a mano y tienes multitud de aromas primarios y olores que mantienen viva tu pituitaria.
Cuando amantes del vino que quieren iniciarse pregunta si es recomendable comprarse la colección de aromas y olores de tal o cual casa, siempre aparecen las mismas respuestas: vete al mercado, al campo, a la ribera y huele, selecciona los aromas, descifra la paleta de aromas que nos trae la brisa.
La verdad es que cuando paseo vas descubriendo -y memorizando- aromas a higueras, hierba seca, flores de galan de noche, tomillo, manzanilla, romero, plantas de ribera, de ramas de haya recién cortada o las notas balsámicas de los abetos, … pero también olores de agua estancada, de sudor, de tierra quemada, de gasolina, o de podredumbre … que van enriqueciendo tu colección particular.

Por cierto, si alguno de vosotros quiere acompañarme, está invitado.