Las catas de vino: quién manda, quién paga y quién se queda fuera

Las catas de vino: quién manda, quién paga y quién se queda fuera

I. La invitación que nunca llega

Hay una imagen que me persigue desde hace tiempo. La de una cata de vino a la que no me han invitado. No porque no quisieran, sino porque el ecosistema que organiza esas catas no sabe muy bien qué hacer conmigo. No soy restaurador, no compro por cajas, no tengo el respaldo de una publicación con logo y tirada auditada. Soy un aficionado con un blog, una buena colección de cicatrices en el bolsillo y una curiosidad que no se rinde fácilmente.

Las catas de vino, en España, tienen una lógica muy clara. La siguen casi todos los actores del sector, aunque nadie la haya escrito en ningún sitio. Es una lógica comercial, razonable en sus propios términos, pero que deja fuera a una porción enorme de personas a las que, en teoría, el vino debería importarles: los aficionados sin credenciales, los curiosos que no saben muy bien cómo entrar en este mundo sin sentirse en un examen que nadie les ha explicado cómo preparar.

Voy a intentar poner nombre a todo eso. Sin ánimo de queja, que la queja sola no lleva a ningún sitio, pero sí con ganas de entender el mapa. Porque a veces, entender el mapa ya es la mitad del camino.

II. El ecosistema: una pirámide con forma de botella invertida

El mundo de las catas en España está habitado por varios tipos de actores, y conviene distinguirlos antes de hablar de quién manda. La confusión entre todos ellos es, ella sola, una de las razones por las que el aficionado independiente se pierde.

En la cima están las bodegas. Organizan catas de presentación de añadas, lanzamientos, eventos de enoturismo. Su objetivo es siempre comercial —legítimamente comercial, no hay nada que reprocharles— y sus invitados son, por ese orden, importadores, distribuidores, restauradores de cierto nivel, periodistas especializados con audiencia demostrable y, si sobra hueco, algún bloguero al que se le supone influencia. El aficionado anónimo, cuando aparece, lo hace pagando una entrada de enoturismo.

Justo debajo están las distribuidoras, que son, en la práctica, las grandes organizadoras de catas en España, aunque el público general casi no lo perciba. Una distribuidora de cierto tamaño puede representar a cientos de bodegas en exclusiva. Sus catas —que pueden ser espléndidas, con elaboradores presentes y vinos difíciles de conseguir— están pensadas para fidelizar a su cartera de clientes profesionales: restaurantes, hoteles, tiendas especializadas. Son catas para el canal HORECA. No para ti.

El tercer nivel lo ocupan las tiendas de vino y vinotecas, que sí abren sus catas al público con más frecuencia. A veces son gratuitas para clientes, a veces tienen un coste de entrada razonable. Aquí empieza a haber algo de acceso real, aunque la selección de vinos suele estar condicionada por el catálogo de la tienda, que a su vez depende de sus acuerdos con distribuidores.

Luego están los sommeliers freelance y las empresas de eventos, cuyo modelo de negocio se ha orientado masivamente hacia el team building corporativo. Sus catas son buenas, a menudo divertidas y bien conducidas, pero cuestan lo que cuestan y no están pensadas para el aficionado que quiere aprender, sino para la empresa que quiere entretener a su equipo.

Y al final, en la base de la pirámide, estamos los independientes. Los grupos de cata entre amigos con un presupuesto definido por el coste de las botellas a catar. Los bloggers, que también pueden formar parte de los grupos de cata y que además compramos las botellas de nuestro bolsillo para escribir sobre ellas. Los aficionados que organizamos lo que podemos con lo que tenemos, sin red comercial y sin agenda.

La pirámide del acceso al vino tiene forma de botella invertida. Arriba, donde hay más líquido, están las bodegas, las distribuidoras, los clientes profesionales. Abajo, donde cada gota cuenta, estamos el resto.

 

Vista en copa

III. La influencia de las distribuidoras: el filtro invisible

Hay algo que raramente se nombra en las conversaciones sobre crítica del vino, y es la influencia que ejercen las distribuidoras sobre qué vinos se catan, qué elaboradores se visibilizan y qué narrativas circulan en el sector.

No es una influencia maliciosa. Es sencillamente estructural. Una distribuidora importante representa a sus bodegas, las promueve, las lleva a ferias, organiza catas para presentarlas a sus clientes. Eso significa que los vinos que entran en ese circuito tienen una plataforma que los vinos sin distribuidor no tienen. El elaborador pequeño, el proyecto de garaje, la bodega que trabaja en directo con sus clientes sin intermediarios, existe en otro universo de visibilidad.

Para el crítico o el blogger que quiere cubrir el sector, esto tiene una consecuencia práctica muy concreta: los vinos que llegan a tu mesa —porque alguien te los manda, porque te invitan a una presentación, porque aparecen en ferias con acreditación de prensa— son en gran medida los vinos que alguien ha decidido promover. Los demás los tienes que ir a buscar tú, pagándotelos, sin que nadie te ayude a encontrarlos.

La pregunta incómoda es esta: ¿puede un crítico independiente construir una visión honesta del panorama vinícola español si una parte sustancial de los vinos que conoce son los que alguna distribuidora ha decidido que conozca? No es que la respuesta sea necesariamente no. Pero la pregunta merece formularse.

Yo, personalmente, intento compensarlo como puedo. Compro vinos que nadie me ha mandado. Busco elaboradores que trabajan directamente con sus clientes. Visito bodegas cuando puedo pagármelo. Pero soy consciente de que hay un mapa del vino español que nunca voy a ver completo si no tengo acceso a los circuitos donde ese mapa se dibuja.

 

IV. El caso del independiente: libertad como sinónimo de soledad

Organizar una cata modesta —digamos, seis vinos para ocho a 12 personas— tiene su coste sólo en vino. A eso hay que sumarle copas adecuadas si no las tienes, un espacio si no lo tienes, fichas de cata si quieres hacerlo con cierto rigor. Sin patrocinio, sin que nadie te mande muestras, sin descuentos de bodega, todo sale del mismo bolsillo en el que llevas las llaves de casa, aunque si diriges un grupo de cata -yo llevo dirigiendo uno cerca de 20 años- el coste es más “distributivo”.

Las bodegas envían muestras. Eso es un hecho. Pero las envían a los medios de referencia, a los críticos con audiencias grandes y medibles, a los prescriptores que pueden mover aguja en ventas. El blogger pequeño —sin importar su calidad, su honestidad o su conocimiento— rara vez entra en ese circuito. No porque no valga, sino porque no aparece en el radar de quienes deciden a quién enviar botellas.

Las ferias y concursos tienen acreditaciones de prensa. Conseguirlas sin pertenecer a una asociación profesional reconocida, sin una publicación con ISSN o sin un medio detrás que te avale, es una carrera de obstáculos que a veces no lleva a ningún sitio. He intentado acreditarme en algún evento y la respuesta, cuando llega, suele ser cortés y definitiva: no cumples los requisitos, salvo que conozcas a algún miembro de la organización, que eso siempre ayuda.

Y luego está la trampa más sutil: cuando sí llegan invitaciones —porque llevas tiempo escribiendo, porque alguien te ha descubierto, porque una bodega pequeña te ha leído y le has gustado— frecuentemente hay una expectativa implícita. No escrita, no mencionada, pero presente. La expectativa de que cubrirás el evento, hablarás bien del vino, mencionarás la bodega con cariño. La independencia, en ese contexto, tiene un precio. Y el precio es, a veces, no volver a recibir invitaciones.

Podría sonar a queja, y no quiero que suene así. Lo que quiero decir es que la independencia tiene un valor real y concreto —puedo escribir lo que pienso de un vino sin que nadie me lo impida— pero ese valor viene acompañado de una soledad también real y concreta. No hay red. No hay colchón. No hay nadie que organice las cosas por ti.

En mi caso siempre compro los vinos que cato para preservar precisamente mi independencia. Otra cosa es que los elaboradores, las bodegas, me faciliten la compra poniéndome precio de distribuidor, no tenga que pagar los portes o, en el caso de que insistan en no cobrarme los vinos, tengan presente que mi independencia se mantendrá invariable.

La ventaja de no tener vínculos comerciales es que puedes decir lo que piensas. La desventaja es que muchas veces lo dices solo, con una botella que te has pagado tú, en un blog que nadie ha promocionado.

Copas en la cata

V. El enólogo inaccesible: la fuente que más sabe y menos se ve

Hay una ironía en el corazón del mundo del vino que no suele mencionarse. La persona que más puede explicar un vino —el enólogo, el bodeguero, el viticultor que lleva veinte años conociendo cada parcela— es precisamente la persona a la que el aficionado independiente tiene más difícil acceso.

La diferencia entre leer en una ficha técnica que un vino "tiene crianza de doce meses en barrica de roble francés" y sentarte diez minutos con el enólogo que lo hizo para que te explique por qué eligió ese roble y no otro, esa tostada y no otra, ese tiempo y no más ni menos, es la diferencia entre información y comprensión. La ficha técnica la puede leer cualquiera. La conversación con el enólogo vale un mundo.

Los críticos de referencia internacional tienen ese acceso. Es parte de su trabajo y parte del valor que aportan a sus lectores. La visita a la bodega, la barrica abierta, la conversación sin filtros con quien ha tomado las decisiones. El blogger independiente, cuando tiene suerte, consigue una visita de enoturismo con copa al final y explicación protocolaria. Cuando tiene menos suerte, descarga la ficha técnica de la web y tira con eso.

La cita previa es otro obstáculo real. Muchas bodegas, especialmente las de tamaño medio, solo reciben visitas para grupos de un tamaño mínimo —a veces veinte o treinta personas— y en horarios que no siempre encajan con la vida de alguien que no trabaja en el sector. Un aficionado solo, o un pequeño grupo de curiosos sin afiliación a ninguna asociación, no tiene un hueco claro en ese modelo.

Hay una paradoja interesante aquí, y es que los proyectos más pequeños, los elaboradores más artesanales, los bodegueros que trabajan solos o casi solos, suelen ser mucho más accesibles. Precisamente porque no tienen departamento de comunicación, ni protocolo de visitas, ni agenda de prioridades marcada por un departamento de marketing. Muchas veces basta con mandar un correo honesto, explicar quién eres y qué te interesa, y la respuesta es una invitación a pasar por allí cuando quieras.

Esa paradoja me parece reveladora. Los vinos más difíciles de encontrar en el circuito comercial son, en ocasiones, los más fáciles de conocer en persona. Y los elaboradores más accesibles son, a menudo, los que menos necesitan el sistema para existir.

Entender por qué un vino sabe cómo sabe no está en ninguna ficha técnica. Está en una conversación de diez minutos con quien lo hizo. Conseguir esa conversación, sin credenciales y sin agenda, es a veces la parte más difícil del trabajo.

 

VI. Zoom, Meet y la bodega en el salón: ¿democratización o sucedáneo?

La pandemia aceleró algo que ya estaba latente en el sector. La cata virtual, con envío previo de vinos a domicilio y conexión en directo por Zoom o Meet, pasó de ser una curiosidad a ser un formato con cierta implantación real. Varias bodegas y sommeliers lo adoptaron durante el confinamiento por pura necesidad, y algunos lo han mantenido porque funciona.

El modelo básico es sencillo: recibes en casa un pack de vinos —normalmente dos o tres botellas— y a una hora determinada te conectas a una videollamada donde un sommelier, un bodeguero o el propio enólogo conduce la cata mientras los participantes abren sus botellas desde sus salones.

Para el aficionado independiente, este formato tiene una ventaja que no se valora suficientemente: elimina la barrera geográfica. Un grupo de amigos dispersos entre Salamanca, Madrid y Bilbao puede catar juntos un vino de Galicia con el propio elaborador conectado desde su bodega. Eso, en formato presencial, sería logísticamente imposible sin un presupuesto que muy poca gente tiene.

Pero hay algo más interesante todavía. Algunas bodegas pequeñas, sin recursos para organizar eventos presenciales ni estructura para gestionar visitas, han descubierto en el formato online una manera viable de conectar directamente con el consumidor. Y para el blogger o el aficionado independiente, esto abre una puerta que antes estaba más cerrada: proponer una cata virtual con el elaborador en directo es, en muchos casos, más fácil que conseguir una visita presencial. No hay que gestionar desplazamientos, no hay que ajustar agendas de un grupo de personas a la misma ciudad y el mismo día. Basta con una propuesta honesta y una pantalla.

Pero no quiero pintar este formato sin sus sombras. La cata virtual tiene carencias evidentes. No puedes ver el color del vino con la misma luz que en una sala bien iluminada. No hay el ambiente de una bodega: ese olor particular a madera y humedad que forma parte de la experiencia y que ninguna cámara puede transmitir. La degustación colectiva —el momento de compartir impresiones en tiempo real, de escuchar lo que el de al lado percibe y que tú no habías notado— se fragmenta en cuadraditos de pantalla. El vino es también presencia, y la presencia no se digitaliza.

La propuesta que me parece más interesante, y es la que últimamente llevo a cabo, es el formato híbrido: un grupo reunido físicamente en un espacio local —en nuestro caso en un restaurante que cubre nuestras necesidades— con el bodeguero o el enólogo conectado en remoto desde su propia bodega. Lo mejor de los dos mundos: la experiencia colectiva y presencial que hace que una cata mantenga un contacto directo -aunque online- con el elaborador que antes requería un desplazamiento.

Las redes sociales juegan aquí un papel de puente. Una bodega que publica en Instagram el proceso de vendimia, o en TikTok los primeros días de fermentación, está construyendo un vínculo con una audiencia que luego puede querer ir más allá: apuntarse a una cata online, pedir una visita, comprar directamente. El contenido digital no reemplaza la experiencia del vino, pero puede ser el gancho que lleve a alguien hasta ella.

¿Y si la cata del futuro para el aficionado sin recursos no es ni en una bodega ni en un bar, sino en el salón de alguien, con tres botellas llegadas por correo y el enólogo al otro lado de la pantalla explicando por qué ese vino huele como huele? ¿Es eso democratización o es un sucedáneo? Quizá las dos cosas. Quizá eso sea suficiente para empezar.

Cata online

VII. Una pregunta abierta, no una respuesta cerrada

No voy a terminar este texto con un decálogo de soluciones. El mundo del vino lleva décadas con los mismos problemas de acceso y los mismos debates sobre democratización, y no creo que yo tenga la clave que a otros se les ha escapado.

Lo que sí tengo es una pregunta que me parece útil. ¿Qué haría falta para que una cata organizada por un aficionado sin presupuesto, en un local cedido por alguien con buena voluntad o pagando una cuota por su uso, con vinos de menos de diez euros la botella y el enólogo conectado desde su pantalla, pudiera ser el primer contacto real de alguien con el mundo del vino? ¿Qué tendría que cambiar para que esa persona saliera de ahí con ganas de repetir, con un par de referencias apuntadas en el móvil y la sensación de que este mundo tiene algo que ofrecerle?

El blogger independiente tiene algo que ninguna distribuidora puede comprar: la ausencia de agenda comercial. Puede elegir los vinos que le parecen interesantes, no los que alguien ha decidido promover. Puede hablar de los fracasos además de los éxitos. Puede decir que un vino de veinte euros no vale lo que cuesta, o que uno de ocho euros es una maravilla. Puede organizar una cata temática que ningún departamento de marketing habría aprobado porque no favorece a ninguna marca en particular.

Eso no es poco. Es, de hecho, bastante valioso en un mundo donde la crítica del vino vive con demasiada frecuencia en los márgenes de los intereses comerciales del sector. El problema es que ese valor existe en un mercado que, por ahora, no ha aprendido del todo a reconocerlo.

Mientras tanto, seguimos comprando botellas de nuestro bolsillo, organizando catas con los medios que tenemos, escribiendo sobre vinos que nadie nos ha mandado y esperando que alguien al otro lado de la pantalla encuentre en ese texto algo que le ayude a entender un poco mejor lo que tiene en la copa.

No es mal oficio. Solo es un poco solitario y cada vez quedamos menos.

¡Salud y buen vino!

Vinos por copas: empecemos a llamar a las cosas por su nombre

Vinos por copas: empecemos a llamar a las cosas por su nombre

O mejor dicho, a los vinos, que ya vamos teniendo una edad para que no sea soportable la manida respuesta a nuestra pregunta sobre «¿qué vinos tintos tiene por copas?»: «¿Rioja, Ribera o Toro?». ¡Pero si es que no es eso lo que le pregunto sino qué vinos o de quién son!

Ya es hora de que los consumidores, aficionados, enochalados,…-ponganse ustedes el calificativo epíteto que consideren- empezemos a reclamar los vinos que nos gustan y no los que nos quieren vender.

Vacu vin

Entendemos perfectamente que al hostelero le resulte más rentable la compara de 5 cajas de seis botellas y que le regalen 3 cajas más de vinos, la mayoría de ellos, infumables o, en el mejor de los casos, clónicos, pero ¿tánto le cuesta «invertir» en comprar, aunque sea tres botellas -ahora que también la distribución te vende por unidades- de vinos con los que sorprender, atraer o evangelizar a la parroquia?.

No pretendo que todos los que se dedican al sector hostelero -permítanme que la utilización de la palabra profesional quede más restringida- sean «prescriptores» -¡hay Dios!- de los vinos que se elaboran en sus zonas, pero hombre ¡un poquito más de ganas por los productos de la tierra!.

Y si pasamos ya a la cantidad servida ¡échense a temblar! porque hay grandes diferencias en dos aspectos principales: el grosor de los dedos del camarero y la utilización de copas con curva, y se lo explico:

1.- Si el camarero ha recibido la órden de que la cantidad máxima de vino han de ser dos dedos, tenga en cuanta grosor del índice del susodicho que a la hora del serivicio eso se nota. Otra cosa es que tengan confianza y se salte la indicación de medida. Entonces, sin problemas.

2.- Si veo que las copas son esas que en la parte cercana al pie se curvan, me pido cerveza. Lo siento, pero para mojarme los labios, prefiero la espuma.

Dispensador por copas

Si tienen la suerte de que en el establecimiento en cuestión cuentan al menos con sistema Vacuvin -o similares- o con un aparato dispensador de vinos por copas, no lo dude, puede respirar tranquilo y disfrutar con cierta garantía. Y si éste aparto tiene la posibilidad de que se definan las cantidades a servir, por lo menos puede probar distintos vinos con cantidades homogéneas y sin desviaciones. Ahora, aún quedan «trasegadores» que tras el mostrador consiguen «coupages» haciendo trasvases con los «culines» de las botellas y claro, luego la «complejidad» aromática se deja notar.

Lo dicho, busque, compare, exija y si encuentra un local con garantía de buen servicio, buenos vinos y profesionales detrás de la barra ¡entre y consuma vino!.

¡Ah, y no se olviden recomendar aquí sus bares de vinos por copas de su ciudad y así podemos ir a tiro hecho cuando nos acerquemos algunos de los enochalados confesos! Y de paso no estaría mal hacer un mapa con ellos en un próximo post.

¡Salud y buen vino!.

Vino y crowdfunding

Vino y crowdfunding

Hace unas semana los chicos de Vinos Malaparte, Rubén y Elisa, lanzaban a tavés de Verkami la tercera «edición» de su propuesta «Uvas Nómadas» vía crowdfunding, pero hasta hace relativamente poco tiempo desconocía este sistema de financiación que creo que ha de darse a conocer puesto que cada día se está recurriendo más a él dentro del mundo del vino.

1.- ¿Qué se entiende por crowdfunding?

Si buscamos en internet encontraremos distintas definiciones para este tipo de micromecenazgo, pero yo me quedo con la que aporta Wikipedia:

«Cooperación colectiva, llevada a cabo por personas que realizan una red para conseguir dinero u otros recursos, se suele utilizar Internet para financiar esfuerzos e iniciativas de otras personas u organizaciones».

2.- ¿Qué tipos de crowdfunding existen?

Básicamente existen cinco tipos:

1.- Basados en donaciones: los que hacen aportaciones no reciben beneficios.

2.- Basados en recompensas: los mecenas reciben recompensas a cambio de la contribución. Básicamente éste es el más utilizado dentro del mundo del vino.

3.- Basados en acciones: Se reciben acciones o participaciones.

4.- Basados en préstamos: Se financia a cambio de un tipo de interés.

5.- Basado en royalties: se invierte y se espera una parte simbólica de los beneficios.

3.- ¿Cómo funciona?

Nosotros nos fijaremos en el funcionamiento del micromecenazgo de recompensa ya que es la que más se utiliza dentro del mundo del vino. Se invierte una serie de cantidades y se reciben recompensas como x botellas, visitas a la bodega, aparecer el nombre del mecenas en las etiquetas de los vinos,…

  1. Se publica en una plataforma indicando la cantidad de dinero que se necesita para poder desarrollar el proyecto. También se presenta un plan de recompensas.
  2. Difusión del proyecto y recaudación con un plazo limitado para la recaudación del importe total.
  3. Éxito: Si se cubre el 100% del proyecto el creador realizará la entrega de las recompensas a los cofinanciadores una vez puesto en marcha.

4.- Ventajas.

  1. Conocer la disposición de los cofinanciadores para la implementación de una idea medida en la disposición a aportar la cantidad necesaria.
  2. Si se llega a conseguir el 100% del importe total se constata la aceptación del producto.
  3. Los cofinanciadores se quedan con la sensación de haber aportado su grano de arena en la realización de ideas que consideran buenas y que pueden mejorar aspectos de nuestra cultura o del mercado laboral con la creación de nuevos puestos de trabajo.

5.-  Crowdfunding y vino

En la actualidad, como decía en un principio del post, cada día se observan más iniciativas generadas dentro del mundo de vino asociadas a este tipo de financiación.

A día de hoy se pueden destacar las iniciativas llevadas a cabo por:

  • Vinos Malaparte con su proyecto Uvas Nómadas que llevan ya tres años recorriendo el mapa vinícola nacional y que ya han completado la totalidad de la financiación para su última iniciativa Uvas Nómadas 2015: Mencía de León.
  • Demencia Cachichán: llevada a cabo por dos enochalados como Demencia de autor y Bruno Arias en la plantean la recuperación de parcelas con plantas de avanzada edad en la comarca del Bierzo.
  • La arriesgada propuesta de Juan Luis Beltrán Mir en la que su proyecto consiste en salvar un viejo viñedo de garnacha de 0,5 ha. de su arranque.
  • O la última propuesta de la que he tenido conocimiento aportada por Rubén Gago, a la que le deseo éxito y que saldrá en septiembre, para proceder a abrir una microbodega que el permita elaborar vino a partir de una viña de 1,5 ha. plantada por sus abuelos en los años 40 en un pequeño pueblo de Zamora llamado Riofrío y que se publicará en la web de Fundovino

 Claro que estamos hablando de estas iniciativas dentro de plataformas «nacionales» como Verkami aunque este tipo de propuestas están extendidas a nivel mundial, y por ello sólo tienen que echar un vistazo a la web Fundovino para observar el alcance del crowdfunding en trono al vino.

Con todo si tienen conocimiento de otras propuestas que puedan resultar interesantes no tengo que decirles que éste es su blog para hacernos partícipes de las mismas.

¡Salud y buen vino!

Fuentes: Wikipedia, www.emprendelandia.es, www.universocrowdfunding.com

Fotos y video: Verkami

Sólo sé que no se nada de vino

Sólo sé que no se nada de vino

Si tengo asumida la frase atribuida a Sócrates, que en esto del vino «sólo se que no sé nada» (ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα, hèn oîda hóti oudèn oîda), después de las útlimas catas me reafirmo en que cada vez entiendo menos este mundo a tenor de los vinos catados. Y me explico.

Normalmente antes de catar algunos vinos tienes referencias sobre ellos, bien por guías o por webs especializadas, que los comentan generalmente en sentido muy positivo, pero cuando realizas la prueba todo parecido con la realidad es mera coincidencia y me hago la siguiente pregunta: ¿son los mismos vinos?. Bueno, pues parece que sí y entonces el problema puede venir en que los tiempos en los que se han catado son distintos, es decir, los «críticos» han catado el vino en el 2013, por ejemplo y yo el mismo vino en el 2015.

Sócrates

Obviamente el vino ha evolucionado en botella, en algunos casos para bien, y en algunos casos, para mal. Y si además son vinos justos de sulfuroso o casi nulo, el riesgo aumenta.

Por otro lado se da la circunstancia de que las bodegas de empeñan en presentarnos sus vinos sin hacer -supongo que será un condicionante económico-, pero ¿no sería mejor que si la añada que sacan ahora es el 2012 hicieran una presentación del vino de la añada del 2009? de esta forma se podría comprobar que el vino ha tenido una buena evolución y aquellos que deseen guardar la añada del 2012 tengan un punto de referencia de cómo estará su vino con unos años de botella.

Porque ¿qué sentido tiene el que presenten vinos con falta de conjunción en el que la existencia de las notas de crianza -pongan ustedes madera, que por que sea muy fina, tostados más o menos plus, no deja de ser MADERA- predomina y anula todo lo demás?. Si a eso añadimos la clarividencia de algunos gurús, enólogos o catadores en visualizar una evolución en el tiempo que ya quisiera el más afamado de los chamanes, apaga y vámonos.

En definitiva para uno y otro caso no estaría de más que en aquellos vinos en los que se suponga que no sobrepasarán cierto umbral temporal se indique en la contra etiqueta: «no consumir más allá del año…«, y en aquellos que salen demasiado jóvenes por cuestión de «cash» indicar: «guardar para su mejor evolución durante X meses, años o décadas«.

Junto a ello también podría hacerse el esfuerzo -considero que no sería muy costoso, además de ser beneficioso para las bodegas y consumidores- de indicar la fecha de embotellado para generosos y de degüelle para espumoso por parte de elaboradores

Algunos pondrán el grito en el cielo para hacernos tragar con ruedas de molino e intentar convencernos de que todo eso es prácticamente imposible, pero existen bodegas serias que sí lo hacen y si no les doy algunas pistas: Bodegas López de Heredia (sus vinos salen cuando consideran que están listos para su consumo), González Byass (indican la fecha de embotellado) o Agustí Torelló (indica la fecha de degüelle), entre otras.

Y por último, ya que pasaba por aquí, no estaría de más que en la información del vino nos indicaran si se han utilizado levaduras autóctonas, añadido enzimas, correguido la acidez, ósmosis inversa, adición de taninos, … más que nada por saber qué estamos bebiendo y si todo parecido con la realidad es … real o no.

¡Salud y buen vino!

Imágnes: https://hormigasilustradas.wordpress.com/type/image/ y http://www.metmuseum.org/collection/the-collection-online/search/436105

Ni blanco ni tinto, ni único ni DiverXO

Ni blanco ni tinto, ni único ni DiverXO

La verdad es que hace tiempo que las repercusiones generadas por las declaraciones que virtió David Muñoz, jefe de cocina de DiverXO, en su ponencia del último Madrid Fusión relacionadas con su idea «revolucionaria» de concebir el vino como un ingrediente o un aromatizante más, se han ido diluyendo y prácticamente poco o nada se oye sobre el tema.

David lanzó una piedra en el estanque enogastronómico que generó airadas y contrapuestas opiniones, pero que con trascurrir de los días, y al igual que las ondas creadas en un estanque, se han ido reduciendo a la nada, aunque, todo hay que decirlo, cumplieron con creces con la velocidad de propagación de la información.

A día de hoy seguimos manteniendo el mismo problema, no tanto si hay o no revolución en el mundo del vino ,y en este punto no dejo de estar más de acuerdo con Víctor de la Serna en su artículo del 9-2-2015 en el www.mundovino.com:

«el vino también está en plena revolución propia, aunque David Muñoz no lo vea así, y esa revolución va exactamente en el sentido opuesto al de sus propuestas: una nueva generación de viticultores y elaboradores de talento, en España y fuera, se está esforzando por quitar del vino los afeites y los añadidos, en particular –pero no sólo- el uso del roble tostado como abrumador aromatizante cuyo resultado es la proverbial «sopa de roble».

sino en cómo conseguir frenar la caída del consumo del vino en nuestro país, a pesar del ligero aumento que se ha observado en los útlimos meses. Y en este aspecto suscribo la opinión de mi buen amigo César Ruiz, enólgo, bodeguero y componente del equipo de La Tintorería Vinoteca, de que no se está sabiendo aprovechar el componente medíatico que tienen los cocineros en este momento para que a través de ellos, bien en sus programas de TV, realities, publicaciones o comentarios, hablen, bien ellos o sus sumilleres, sobre vinos.

Marketingdirecto

Estoy seguro que si viéramos a Arguiñano, Subijana, Mario Sandoval, David Muñoz, o el cocinero de confianza de su restaurante favorito… hablar del vino -y si es español, pues mejor que mejor- al menos la curiosidad y el acercamiento a él irían en aumento y por ende, su consumo.

Si a ello sumamos conceptos como los defendidos por José Luis Louzán en su libro titulado precisamente «La Revolución del vino» -les recomiendo libro y blog- : búsqueda de la tipicidad, del terruño, del vino sin artificios ni «maderamen», profesionalidad en la hosterlería y convicción en la distribuición,…, y añadimos un apoyo institucional por parte de la Administración -pónganle Ayuntamiento, Comunidad Autónoma o Ministerio- el granito de arena se irá convirtiendo en duna y ésta en playa, mejor que en desierto, aunque tal vez la imagen subliminar de éste generaría más sed. Ya me entienden.

Creo que por parte del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente se puede hacer más por este tema y, de momento volvería a incluir en los Premios «Alimentos de España» la Submodalidad «Mejor acción realizada en establecimientos de restauración en la presentación, selección, conservación y servicio de los vinos, que con la presencia de una cualificada bodega contribuye a fomentar el mejor y más completo conocimiento de nuestros vinos con denominación de origen» (Accésit en el 1999 y Premio en el 2003 -permítanme este momento de vanidad- que tuve el placer de compartir con Atrio -Premio- y El Velero -Accésit- cuando gestionaba la compra y la carta de vinos del restaurante familiar: El Candil de Salamanca) y que desapareció del palmarés desde el 2008.

Y así podríamos empezar a decir que vamos piano, piano…

 Imágenes: www.asus.usal.es, www.marketingdirecto.com

Ardoaraba 2014: La fiesta gastronómica de Vitoria

Ardoaraba 2014: La fiesta gastronómica de Vitoria

Ardoaraba Enogastronómica 2014

Cuando hace unos días me encontré con un buen amigo y me preguntó que dónde había estado este último puente de la Inmaculada y le contesté que, gracias a Blog on Brands y a Gasteiz-on , había estado en Ardoaraba la cara de interrogación que se reflejaba en su rostro hacía necesario sacarle de su desconocimiento y, como supongo que a muchos les sucederá lo mismo, no hay nada mejor que aclarar conceptos:

1.- ¿Qué es Ardoaraba?.

Ardoaraba es la fiestra enogastronómica por excelencia que se celebra en Vitoria desde el año 2002 con un claro objetivo: situar a Álava como un atractivo destino enogastronómico y servir de escaparate de bodegas y productos alaveses de calidad.

2.- ¿Quién está detrás de esta iniciativa?

Tras esta exposición de productos y actividades se encuentra un excelente equipo de profesionales encuadrados dentro de Gasteiz-On, la asociación que agrupa al comercio, la hostelería y los servicios de Vitoria y a cuya cabeza se encuentra Patricia García, gerente, sin cuyo impulso estoy seguro que no hubira sido posible pasar de la idea a una auténtica realidad ya consolidada.

3.- ¿Qué nos podemos encontrar en Ardoaraba?

Para aquellos amantes de la variedad enogastronómica el despliegue dentro de la zona centro de Vitoria en estos tres días es realmente amplia y variada ya que, no en vano, la participación de bodegas, denominaciones de origen, bares y restaurantes, hacen que la variedad de productos y actividades sea realmente completa con el único fin de acercar el producto de esta tierra a los visitantes que la visiten. Y si además puedes hacerte una foto con Kent Follet, puer miel sobre hojuelas.

Ardoaraba 2014. Vitoria - Gasteiz

Nada menos que 4 grandes carpas situadas en espacios tan emblemáticos como la calle Bastiturri y las plazas de la Provincia, Matxete y los Fueros son los puntos neurálgicos en los que confluyen todos aquellos que se han acercado a esta feria, pero que a su vez genera una sinergia en todos los establecimientos de restauración de la zona en base a un sistema de talonarios con los que el visitante puede canjear un total de 28 puntos por un precio de 12€.

Ardoaraba 2014.  Vitoria - Gasteiz

Así, tanto en las carpas como en los bares asociados a esta iniciativa (91 en la actual edición), podemos canjear puntos por vinos jóvenes, crianzas, reservas o de autor, pinchos o participar en presentaciones de vinos o en showcookings organizados en colaboración con Euskadi Gastronomika en la que poder conocer de primera mano y de elaboradores artesanos productos y platos como un caldo de Rubia Alavesa, Delicias de patatas Gorbea, sal de Salinas y aceite de Rioja Alavesa y Carpaccio de potro con virutas de Artzai-Gazta acompañados por un sorprendente espumoso Txakoli Beldui Santi Victoris et Santi Jacobi Brut Nature. Y si a eso le añadimos una cata de quesos de Idiazabal guiada por José Ramón Agiriano, miembro del comité de cata de la DO Idiazabal, el nivel de satisfacción es completo.

Ardoaraba 2014.  Vitoria - Gasteiz

Si además  te facilitan las copas de vino para poder moverte entre las distintas carpas y que los talonarios tienen descuento en una serie de actividades complementarias la interacción de todos los establecimientos del sector terciario es completa, aunque creo que la posibilidad de apertura de los comercios en el casco medieval haría aún más atractiva la visita al forastero.

Tuve la ocasión de disfrutar con una cocina casera en Xixilu o más informal en Tximiso, pero ambas basada en un buen producto. O sorprenderme con un tapeo de alto nivel en Izartza con una pizarra de vinos por copas que ya quisieran muchos, sin olvidarme de sus propuestas de champagne, realmente excelente.

Ardoaraba 2014.  Vitoria - Gasteiz

Además podemos encontar actividaes paralelas en Ardoaraba como la Feria Goxo-Goxo en el que se reúnen en pequeñas casetas comercios gourmet o especializados en productos vascos de alta gama o el Mercado de la Almendra -que se celebra todos los primeros sábados de mes- con una variada oferta artesana de calidad y que estoy seguro que os hará imposible no caer en la tentación de comprar alubias, cecina de buey, quesos o panes.

4.- Aparte…

  • Si vas con niños puedes participar en Talleres infantiles de cocina en los que aprenderan a elaborar galletas o pizzas.
  • Catas comentadas de vinos reservas
  • Visitar la catedral de Santa María a través del proyecto «Abierto por obras«, que se lo recomiendo. Otra forma de ver una catedral desde sus cimientos.

Ardoaraba 2014.  Vitoria - Gasteiz

  • No dejar de lado la visita al Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo Artium en el que encontrarán obras de Salvador Dalí, Pablo Picasso, Joan Miró, Pablo Gargallo, José Caballero, Antoni ClavéAn, tonio Saura, Antoni Tàpies, Joan Brossa, Manuel Viola, Rafael Canogar, Pablo Palazuelo, Jorge Oteiza, Rafael Ruiz Balerdi, Eduardo Chillida o Andrés Nagel entre otros.

5.- A destacar y a mejorar.

a) Destacar:

Una excelente organización por parte del equipo de Gastei-On al haber desarrollado una buena idea hasta hacer realidad una actividad primordial para la promoción y conocimiento de los productos de Álava en general y de la enogastronomía de Vitoria en particular.

b) A mejorar:

Poco que retocar, pero como crítica constructiva creo que deberían de mejorarse las catas que se celebran en las carpas. Tal vez no sea el mejor lugar para celebrarlas máxime cuando es complicado su acondicionamiento para conseguir una temperatura agradable en su interior -y si fuera estamos a 3º ni les cuento- y en algunas de ellas hay stands en los que se cocina por lo que afecta a la parte olfativa de las catas.

Con todo, si la parte gastro está muy bien desarrollada gracias a los showcookings, creo que la parte centrada en el aceramiento del conocimiento del vino por medio de catas deberían de subir de nivel organizando citas con mayor proyección: verticales, de añadas concretas, de pequeños productores, …

Anoten bien esta fecha en el calendario del 2015 para no perdérse la próxima edición de Ardoaraba, aunque igualmente les recomindo que visiten Vitoria en cualquier época del año y descubrir una preciosa ciudad, caminar por su barrio medieval, disfrutar con su gastronomía y conocer a sus buenas gentes.

¡Agur!