por elbaranda | Gastronomía, Reflexión |
¡Oído, una española!.
La verdad es que siempre que pido tortilla de patatas la llamo «española» seguramente porque ese sea su nombre original y porque prefiero diferenciala claramente de la «francesa», contra la que no tengo nada en contra, faltaría «plus»!.
Pero bien es cierto que salvo ciertos concursos sobre nuestra querida tortilla es más que lamentable el nivel en gran parte de las barras de nuestros bares, y por cierto, no quiero entrar en las distintas formas y evoluciones, transformaciones y desestructuraciones que ha sufrido la misma llegando al extremo de que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
Quiero ceñirme al bajísimo nivel que encontramos en un plato tan nuestro y que, como bien dice un buen amigo, lo que necesita para estar «de perder el sentío», es tiempo, porque no nos engañemos, una tortilla ha de hacerse con cariño y calma, mucha calama.
Claro que si en muchas de ellas el huevo hay que buscarlo con lupa, el aceite, si es de oliva, es para darle un beso de torinillo a la/el cociner@ o en vez de freirse se hacen en olla express y si tienes un estómago similar a la de una boa conscriptor te puedes animar con una de cuarta de alta y rellenada por todo aquello o bien impensable o bien sobrante, al final acabas renunciando a un plato tan nuestro y tan marcado en nuestra memoria desde la infancia. ¿Quién no recuerda ir al campo con el cesto de la merienda? ¿faltaba tortilla? ¡impensable, si era el plato rey junto con los filetes, bien rusos o bien de lomo!
No hay nada que me haga salibar más que pasar junto a una ventana y que mis papilas olfativas reciban los efluvios de los aromas a una tortilla con su cebolla, su punto de sal y elaborada con aceite de oliva vírgen extra -por cierto, les recomiendo la de La Laguna de Fuente de Piedra en su variedad lechín-.
Recuerdo en mi Salamanca, en mi época de estudiante universitario, el bar Laso, junto al Patio de Escuelas, y a la mujer del dueño batiendo y elaborando cantidades ingentes de tortilla para tanto estudiante hambriento. ¡Cómo estaba aquella tortilla!.
¡Y quién no ha parado antes de Albacete a tomarse un pincho de tortilla española camino de la costa para recuperar fuerzas!. Aún recuerdo una tortilla española jugosa por dentro, en su punto que tuve el placer de disfutar en la Plaza Mayor de Haro ¡para levitar sobre las aguas, oiga!
Los tiempos cambian y ahora las tortillas se venden en el mural del super envasadas al vacío o congeladas y qué quiere que les diga, no es lo mismo. Se ha perdido el candor, el cariño, o volviendo al principio, la cadencia, el tiempo para hacer una buena tortilla.
Pero como uno no pierde la esperanza en seguir disfrutando de este plato tan nuestro os animo a que me recomendéis sitios de toda nuestra piel de toro en la que se coma una tortilla ¡como Dios manda!, con su patatatita frita, su huevo bien cuajado, su cebolla y su punto de sal.
Ah! y por favor, no pidan que le recalienten la tortilla. Le sabrá mejor si la disfrutan templada o del tiempo.
Espero vuestras recomendaciones para elaborar entre todos una Ruta de la Tortilla Española.
por elbaranda | Gastronomía |
Como a uno le encanta el marketing y la logística gastronómica cuando uno lee conceptos como Fast Casual, Fine Dining o Fast Food le pica la curiosidad e intenta averiguar a qué se están realmente refiriendo los estudiosos «sajones» al respecto y uno llega a la conclusión de que «unos ganan la fama y otros cardan la lana».
Y ¿por qué digo esto?, pues por la sencilla razón de que en nuestro país estos conceptos se llevan realizando desde hace muchos años, pero aquí nadie había establecido la teoría al respecto.
Vamos que nos ha pasado como con el submarino y el helicóptero -nuestros Isaac Peral y Juan de la Cierva-, que los inventamos nosotros, pero los vendieron mejor otros. Y así vamos a traducir los conceptos y sus equivalencias en nuestro país:
- Fast Casual: mezcla de Fast Food y de Casual Dining, o lo que es lo mismo te atienden con rapidez, pero sin mermar la calidad del producto. Aquí se sirven hamburguesas, sushi, comida mexicana,… Bueno aquí hemos tenido siempre nuestro bar de tapas y raciones en las que servimos los chopitos, calamares a la romana, callos, tortilla española, …
- Fine Dining reinventado: Viene a ser en teoría lo que fue El Bulli en servicio, carta y precio. Pero bueno aquí siempre hemos tenido restaurantes de alto copete con cierta influencia gabacha que te desespinaban el pescado o que te flambeaban el souflé en tus narices – aunque bien es cierto que algunas veces en vez del aroma a azucar tostada aparecía el olor a pelo charruscado, tuyo o ajeno, eso sí a precio de «desfibrilador»-.
- Fast Food: restaurantes de comida rápida a precios super-reducidos. ¡Pero si aquí teníamos de toda la vida las casas de comidas con su platito de lentejas con chorizo y su cochinillo cuchifrito con pan, frasca de vino o agua y postre de la casa por precios más que asequibles!.
Pero esta vez vamos a ser nosotros los que nos adelantemos a ellos y establezcamos un concepto de cocina que ellos desconocen: la «Traditional Food» -lo pongo en su idioma para que lo entiendan mejor- y que para nosotros no deja de ser la cocina tradicional, la cocina de la abuela, vamos.

Ensalada de Lentejas con perdiz escabechada
Porque, ¿qué se puede esperar de países que no cuentan con tradición gastronómoica?, pues que desarrollen una teoría en la que falta la base, la cocina con tradición, con historia, y esa sí la tenemos nosotros.
¿Cómo que es un error?. A ver, tú. Sí, el que lleva desde el inicio del post yendo y viniendo a la pestaña de su twitter para ver si tienes alguna novedad, ¿podrías decirme qué platos tradicionales tienen los norteamericanos o los británicos?
Bueno, sí, ya, pero ni la hamburguesa ni el perrito caliente me valen porque son platos llevados por los emigrantes alemantes -por cierto no hay cosa más odiosa que comer una hamburgesa y no saber por dónde te va a chorrear el ketchup o la mostaza, o por dónde se va a escapar la lechuga o el tomate-.
El pavo del día de Acción de Gracias te lo acepto, pero dónde esté un capón de Vilalba en pepitoria, ¿eh, bribón?. Y la ¿tarta de qué, de ruibarbo?. ¡Ángelamaríabendita lo que come el personal «infiel»!. Además eso es un plato de origen ruso y además ¡laxante!.
Y de sus parientes británicos qué, ¿algún plato tradicional?.
Bueno, yo te puedo indicar el que veo todas la mañanas en mi descanso veraniego en Guardamar del Segura y por el que me tengo que tomar un Almax sólo verlo: huevos fritos con bacon y unas alubias pintas, que según me han contado son dulces.
¡Alma de Dios!, pero ¡si con este plato no me extraña que Adriano construyera un muro para evitar que los Pictos le llenaran de franquicias el Imperio!.
¡Si Caius Apicius levantara la cabeza y viera que hemos sustituido sus «sardinas en papillote , sazonadas con menta, comino, pimienta y miel, envueltas en hojas de higuera y hechas al calor de la estufa» por unos vulgares fish and chips!, eso sí, desestructurados.

Garbanzos de Pedrosillo con callos de ternera.
Y lo peor de todo es que como mancha de aceite que se extiende de forma imparable, nuestas murallas de gastronomía tradicional, sana, mediterránea, basada en el producto, están siendo derribadas a pasos agigantados por una forma de comer -pongale ustede el peyorativo que considere oportuno- basada en la inmediatez, en el «antes llenar el buche» que en el propio disfrute, en comer con las manos y ponerte la boca como si te hubieras maquillado de payaso, llena de sabores artificiales que hace que las nuevas generaciones -a parte de no saber freir un huevo- no retengan en su cerebro algo tan importante para transmitir como es nuestra cultura gastronómica.
¡Con lo rica que está la cocina del chup, chup!.
Y si usted no está de acuerdo pues ¡manifíestese!.
Fotografías cedidas por el Restaurante El Candil de Salamanca
por elbaranda | Gastronomía, Reflexión |
De un tiempo a esta parte estamos asistiendo, no se si a una nueva versión de los panes y los peces -cambiando pan por arroz y peces por bogavante-, a un incremento exponencial del consumo de arroz o al desarrollo de la Teoría de la evolución de Darwin -no viene nada a cuento pero queda como muy intelectual- debido a la invasión en nuestros restaurantes del único plato que está siendo capaz de hacer sombra a nuestra elaboración más demandada y conocida a lo largo y ancho de esta piel de toro.
¿Qué no saben a qué me refiero?.
No, no estoy hablando del «aire de zanahoria con mandarina» de Adriá, ni de las «palomitas Nitro» de Dani García, ni tan siquiera del Estofado de morucha que se elabora en el Restaurante El Candil.
Me refiero a …
¡Ps, ps!, sí usted. El que está dirigiendo su puntero del ratón hacia la parte superior de la pantalla para cerrar este blog. A ver, ¡listo!. ¿Sabe a qué plato me refiero?. ¡Pero bueno, sí señor! ¡a la paella!
¡Qué alegría que alboroto, otro perrito piloto!. ¡Secretario acércame la tostadora que se la voy a entregar al señor! -me encanta el lenguaje de los feriantes y charlatantes. ¡Ah, los hermanos Ramonet, eso si que era dialéctica comercial!-.
Pues sí, nuestra querida paella está sufriendo el ataque directo a su línea de flotación por parte de un plato que podemos ver anunciado en toda localidad a lo largo y ancho de nuestro país, y lo mismo te lo puedes comer en Cádiz, que en Salamanca, que en Cuenca o Badajoz, y yo me pregunto: ¿Pero, hay arroz para tanto bogavante?.
Pues parece ser que sí y esto nos lleva a una serie de conclusiones:
- Que el mercado del arroz está más que boyante y que si tiene intenciones de invertir en bolsa, búsquese una empresa arrocera.
- Que si los chinos nos estaban invadiendo en un principio a través de sus tiendas, después con sus peluquerías y adquisición de todo negocio lucrativo, ahora han pasado a otra iniciativa y nos quieren conquistar a base de vendernos arroz.
- Se están perdiendo los platos típicos de cada zona gracias a la globalización del consumo de este tipo de platos totalmente despersonalizados. Pero alma de Dios ¡cómo puede uno comerse un arroz con bogavante en Salamanca habiendo chanfaina!. Ahora que lo mismo le digo que yo no sería capaz de comerme una fabada en Torrevieja, y poder, se puede.
- Consumamos nuestros arroces producidos en Andalucía, Extremadura, Comunidad Valenciana, Cataluña y Aragón, de Amposta, Sueca o Calasparra. No en vano somos los segundos productores europeos.
- Apliquemos mi máxima: «Donde fueres come lo que hubiere»

Por cierto del bogavante hablaremos en otro post, pero no se por qué me da que la mayoría vienen del Mar … de la China. Y si creen que exagero les recomiendo que lean el último ensayo de Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo «La silenciosa conquista china» (Ed. Crítica).
Y como dice el refrán : «Ni arroz pasado, ni guiso ahumado».
Si conocéis más platos «sin patria» os agradecería vuestras aportaciones.
Abrazotes
La fotografía de la chanfaina que se publica es con la autorización de Marta Carnero de www.pasean2.com
por elbaranda | Gastronomía, Ocio |

Bueno pues después del revuelo que se produjo con la vuelta a los ruedos de José Tomás en la Monumental de Barcelona, se me viene a la cabeza la figura de Rafael González Madrid, Machaquito, torero nacido en Córdoba el 2 de enero de 1880.
Toma la alternativa el 16 de septiembre de 1900 en la última alternativa del s. XIX, habiendo inaugurado el coso de Sanlúcar de Barrameda en la temporada de 1899 -más unión entre toros y el vino no podía haber-, y se retira el 13 de septiembre de 1913.
Y todo esto viene a cuento de una bebida espirituosa que a mí me encanta y que suelo tomar después de las comidas con un cubito de hielo -no con agua, la llamada «palomita»- y que según nuestro médico actúa de digestivo natural.
Sí ya se, la gente se impacienta.
Estamos hablando de anís Machaquito, elaborado en Rute (Córdoba).

Este anís, según reza en su ficha
es un «Producto elaborado en frío con aceites esenciales de matalahuga natural en grano (obtenidos después de destilarla en nuestros laboratorios), agua, alcohol destilado y azúcar, con 35º de alcohol. Se aconseja tomarlo solo o con hielo, en copa corta o vaso largo. Ideal para después de cada comida, con postres, café y acompañando repostería dulce.«
Y doy fé de los beneficios saludables que tiene, aunque dejaré para otro día la historia del anís del Mono, que no tiene que ver con tal simio, sino con el Pueblo de Monovar (Mono-var) y de la epidemia de cólera que tuvo lugar.
¿Intrigados? pues a esperar el próximo capítulo.
por elbaranda | Gastronomía |

Hacía años que no los probaba, desde que los descubrí gracias a mi abuelo Sebastián -amante del buen beber y mejor yantar-.
Realizados en el pueblo leonés de Boñar toman el Nombre de D. Nicanor Rodríguez González, maestro artesano cuya trayectoria es continuada en la actualidad por sus nietos.
De fina textura y suave sabor a mantequilla de vaca son realmente deliciosos y adictivos . Os recomiendo que los probéis aunque sea sólo una vez, seguro que repetís.
Comentarios del personal