The Hermit Ram Blen 2017 Skin Fermented

Canterbury skin. Ferment fiel blend.

The Hermit Ram es el proyecto personal de Theo Coles en North Canterbury, Nueva Zelanda, en el que experimenta con estilos de vino que él quiere hacer.

Todo comenzó en 2002 cuando me topé con un grabado de un gran carnero de aspecto retorcido parado en un campo durante mis viajes. Era desafiante, un poco salvaje, tenía un encanto del viejo mundo y era muy neozelandés. Lo compré, lo enmarqué y lo colgué en mi salón.

10 años después estaba sentado en mi sofá contemplando cómo presentaría el vino en botella y alcé la vista. Allí, mirándome a la cara, estaba el grabado enmarcado del carnero (Ram). Todo tenía sentido. Entonces «The Hermit Ram» (El carnero hermitaño) nació.

En 2012 encontró Limestone Hills Vineyard, un viñedo en Waipara Gorge perteneciente a su amigo Gareth Renowden y en el que tenía plantadas unas cepas de Pinot Noir cultivadas de forma orgánica sobre suelo calizo puro que le enarmoraron.

Desde entonces fue cultivando otros pequeños viñedos en la misma región de North Canterbury siguiendo con el espíritu de trabajar con técnicas de elaboración antiguas aprendidas en el «viejo mundo».

Todas las cepas se cultivan a mano de forma artesanal y respetuosa (tienen el cerfifiocado BioGro) y los vinos se hacen de forma natural, con la menor interferencia posible. Se embotellan sin filtrar ni clarificar y con una cantidad mínima de azufre.

Este vino es una mezcla de viña de Riesling, Chardonnay, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon y Gewurztraminer proveniente de uno de los primeros viñedos plantados en North Canterbury.

Tras la fermentación, se prensó suavemente y el vino pasó a hacer la fermentación maloláctica y a madurar en barricas viejas de tostado neutro. Embotellado sin filtrar ni clarificar y con una dosis de So2 de 20ppm

Región de Canterbury. Waipara Valley. Nueva Zelanda.

La cata:

Color de pétalo de rosa seca con menisco atejado. Abierto de color. Muy atractivo.

Aromas complejos en los que se entremezclan sensaciones de crianza, terrosas, minerales (calizas), pétalos de rosa y una conjunción de recuerdos a frutas rojas y blancas.

En boca muestra muy buena acidez, crujiente. Fresco, agradable y con buen recorrido.

Retronasal en la que la complejidad olfativa vuelve a ser la protagonista dejando un final ligeramente amargo muy agradable.

Me pareció un «clarete» -en el mejor sentido de la palabra- realmente bueno en todas las fases: visual, olfativa y gustativa, aunque he de reconocer que no es apto para todos los públicos, pero siempre está bien intentar «ampliar horizontes». El saber – y el disfrute- no ocupan lugar.

No es la primera vez que me adentro en terrenos neozelandeses y en el buscador podréis también disfrutar con algunas catas de vinos «kiwis». Como apretivo os he dejado un enlace, el resto es cuenta vuestra.

¡Salud y buen vino!

Fotos Nicky Claridge y Hermit Ram

Fotos cata: autor.