Fátima Ceballos Simón: El rostro de la nueva era en Montilla-Moriles.

Fátima Ceballos Simón: El rostro de la nueva era en Montilla-Moriles.

Hoy cominezo con un recorrido por varias bodegas en las que las mujeres juega un importante papel ya sea como viticultoras, enólogas o bodegueras que espero sean de vuestro interés. Unas más conocidas que otras, pero todas, como Fátima Ceballos, reescribiendo la historia del vino de nuestro país.

Hay trayectorias que solo pueden explicarse por vocación auténtica y Fátima Ceballos es una de elllas. Se crió en Montellano, un pueblo de Sevilla, pero con raíces familiares en León. Estudió en la capital hispalense Ingeniería Química —y no Industrial, precisamente porque la rama química le abría la puerta a entender la producción del vino— pasando después a cursar Enología en Córdoba. El camino, sin embargo, fue tortuoso: al terminar la carrera hizo prácticas en centrales nucleares, hasta que decidió apostar con firmeza por el mundo del vino.

La mosca del vino, como ella misma la llama, la picó sin remedio.

La enología española ha sido históricamente un territorio de hombres, y Montilla-Moriles no es una excepción. Fátima Ceballos representa, junto a otras pocas enólogas de su generación, un cambio de paradigma. Su perfil es el de una profesional que combina rigor técnico —Ingeniería Química, Enología, formación en Francia— con una mirada sensible al territorio.

Una formación forjada en Francia

Fátima desarrolló una etapa de formación europea que pocas enólogas españolas de su generación pueden igualar. Tras estudiar su último año de Ingeniería Química en Lyon, se fue a la región del Languedoc, a la bodega Domaine Gayda, donde pasó cuatro años y medio. Allí fundó y lideró el departamento de calidad, pero también trabajó en viña y elaboración, tocando todos los palos, con viñedos de terruños diferentes y varias zonas de vinificación.

Después de Languedoc, se trasladó a Avignon, donde trabajó para una consultora activa en la zona del Ródano y la Provenza, recorriendo bodegas que iban desde grandes cooperativas hasta pequeños productores en rincones remotos. La formación se completó con una vendimia en Burdeos dedicada en exclusiva a la elaboración de tintos mediante métodos tradicionales y termovinificación.

Esta experiencia francesa es el pilar sobre el que descansa toda su filosofía enológica.

Un ecosistema de proyectos

Fátima Ceballos no es solo una bodeguera: es una figura central del nuevo Montilla-Moriles. Su influencia se extiende desde su propio proyecto Lagar de la Salud  a otros varios dentro de la DO: es enóloga del proyecto parcelario Los Insensatos de la Antehojuela, responsable de los vinos blancos tranquilos de Toro Albalá, y consultora del Lagar de Santa Magdalena. Desde la vendimia de 2021 gestiona también un nuevo proyecto de Toro Albalá en el Bierzo, explorando distintos terruños con variedades de maduración tardía en orientación norte.

El punto de inflexión

«Creo que hay un punto de inflexión aquí en la zona Montilla-Moriles, como en otras zonas de España», afirma Fátima. Y ella misma es parte de ese punto de inflexión: una enóloga que llegó por amor, se quedó por convicción, y está demostrando que el pedro ximénez seco de albariza puede estar entre los blancos más interesantes de España.

El Quejigal

La variedad: pedro ximénez más allá del dulce

Pedro ximénez es aquí la uva reina. Uva blanca, casi transparente, de piel fina y pulpa muy jugosa, con un contenido alto en azúcares, y con la que Fátima ha hecho de su reinterpretación en seco su gran aportación al panorama vinícola español. Con formación clásica francesa y pasión por los vinos de terruño, creó la línea Miut para Toro Albalá —acrónimo de Mimo, Identidad, Uva y Tierra— para demostrar que esta variedad puede expresarse con elegancia y tensión más allá de los vinos dulces.

En su proyecto Los Insensatos de la Antehojuela, la elaboración busca extraer la expresión parcelaria de la pedro ximénez: fermentación en tinaja con control de temperatura y crianza biológica bajo velo de flor en tinaja durante siete meses. Lo que cambia de un vino a otro son la parcela, la edad de las viñas, la altitud, la pendiente y la orientación. Un ejercicio de precisión borgoñona aplicado a Andalucía.

Filosofía vitícola: biodiversidad y trabajo manual

La firma Dulas trabaja el viñedo de forma manual, con una filosofía ecológica que fomenta la biodiversidad y el equilibrio de las plantas. El ecosistema del viñedo depende de microorganismos que descomponen la materia orgánica y hierbas que airean el suelo con sus raíces, favoreciendo el desarrollo de las cepas. Aran la tierra un par de veces al año y desbrozan para controlar la cubierta vegetal sin eliminar la competencia del todo.

Una viticultura de escucha al terreno, sin artificios.

Albarizas

El regreso a Montilla: amor, tierra y pedro ximénez

Fue en Languedoc donde conoció a Miguel Puig alma pater del proyecto, cuyo bisabuelo había sido propietario del Lagar de la Salud en Montilla. Fátima llegó por primera vez a ese lagar histórico en 2014 y se enamoró del lugar. La historia del Lagar de la Salud, con generaciones de familia vinculadas a la tierra, y el potencial de sus viñedos fueron decisivos.

Lagar de la Salud es el proyecto personal de Fátima Ceballos y Miguel Puig, construido sobre la finca familiar de Miguel de donde nace el proyecto Dulas, «salud» leído al revés, una forma de conservar el origen y la tradición pero desde otra perspectiva.

El terruño: albariza, sierra y Moriles Altos

Para entender los vinos de Fátima Ceballos hay que entender el territorio en el que trabaja. La DO Montilla-Moriles tiene dos zonas de calidad superior bien diferenciadas: la Sierra de Montilla y Moriles Altos. Los suelos del Lagar de la Salud pertenecen a los ruedos —tierras más profundas, fértiles y arcillosas, con vetas ferrosas en la parte de pedro ximénez—, mientras que las zonas más altas de la sierra producen vinos más finos.

En sus proyectos parcelarios, Fátima trabaja con fincas en los puntos más elevados. En la Sierra de Montilla, en el paraje elegido, las viñas tienen más de 70 años con un sistema radicular tan potente que la uva madura conservando el frescor. La mayoría son pedro ximénez, pero también hay cepas de Baladí y Montepila, variedades autóctonas que aportan complejidad histórica.

El suelo protagonista es la albariza: rica en carbonato cálcico, compuesta de margas blandas con una textura frágil, pobre en materia orgánica pero de composición mineral singular. Es el mismo tipo de suelo que confiere identidad a Jerez, pero con un clima más continental y mayor amplitud térmica, lo que aporta frescor a uvas que crecen bajo un sol extremo.

Los vinos de la cata

La selección de los vinos fue propuesta por Fátima Ceballos ya que considero que nadie conoce mejor a los «hijos» como sus propios «padres» y así iniciamos el recorrido por 6 vinos marcados todos por una personalidad propia y compartiendo los 4 blancos la misma uva, pedro ximenez, pero con sensaciones totalmente distintas.

1.- Dulas 2022

Las uvas de Pedro Ximénez que dan vida a este vino proceden de una parcela singular de 1,2 hectáreas en el Pago del Lagar de la Salud, donde los suelos de arcillas calcáreas y ferruginosas imprimen al fruto un carácter inconfundible. La vendimia, enteramente manual y con rigurosa selección de racimos, inaugura un proceso de elaboración de gran delicadeza: prensado a baja presión para preservar lo mejor de la uva, fermentación en barricas de roble francés de distintas capacidades —225, 300 y 500 litros— y una paciente crianza sobre lías de doce meses que asienta y afina la personalidad del vino. 12,86 % vol.

En copa, ofrece una vista de amarillo limpio y luminoso, de notable elegancia visual. En nariz, despliega un abanico complejo y armonioso: toques salinos y de fruta blanca que se entrelazan con leves notas empireumáticas —ese sutil recuerdo al fósforo que tanto caracteriza ciertos vinos de guarda—, apuntes florales discretos y, sobre todo, la identidad inconfundible de la Pedro Ximénez seca, ese alma varietal que lo define y distingue.

Es lo que algunos catadores podrían llamar un vino horizontal: integrado, redondo, en plena madurez expresiva, aunque con reservas de potencial para quien tenga la paciencia de esperarlo.

En boca, la elegancia continúa: acidez precisa, equilibrio impecable y un retrogusto sabroso y salino que redondea con maestría todo lo que la nariz había prometido.

2.- Los injertos 2023

Este vino nace de una historia tan apasionante como el propio líquido que la contiene. Fátima Ceballos lo elabora en colaboración con la Bodega Los Insensatos, de la mano de seis amigos que, en plena pandemia —el año 2021—, decidieron lanzarse a la aventura de hacer vino de manera, en sus propias palabras, «insensata». De aquel impulso nació un proyecto que hoy, por fortuna, da frutos extraordinarios.

La uva, también Pedro Ximénez, proviene del Pago de La Cañada Navarro, en la Sierra de Montilla, donde las viñas arraigan en alberos ligeros de tosca de antehojuela con textura franco-arcillosa. La parcela, orientada en eje noroeste-sureste, presenta una pendiente del 15 % y se asienta a 525 metros de altitud, condiciones que confieren frescura y tensión al conjunto. La vendimia tuvo lugar el 29 de agosto de 2022.

La elaboración es meticulosa y llena de intención: recolección manual, despalillado y estrujado, prensado suave, desfangado en frío durante 24-48 horas y fermentación en tinaja de hormigón con temperatura controlada. El vino completa después siete meses de crianza biológica bajo velo de flor en tinaja, ese proceso ancestral que aporta profundidad y complejidad al resultado final.

En copa, el color es un amarillo pálido con reflejos verdosos, vivo y brillante. La nariz es un viaje de contrastes fascinantes: desde la frescura cítrica hasta los recuerdos ahumados y ese punto mineral que evoca casi el queroseno —sí, esa nota que a más de un catador le ha traído a la memoria los mejores Rieslings—, pasando por apuntes de bollería y una mineralidad que vertebra el conjunto.

Si Dulas es un vino horizontal —envolvente, integrado, que se expande en amplitud—, este Los Injertos apunta decididamente en la dirección contraria: es un vino vertical, ascendente, directo. Tiene carácter, volumen en boca, un recorrido generoso y una sabrosa y elegante sapidez que lo convierte en una experiencia memorable.

viñedo en primavera

3. La Condená 2023: El último aliento de un patrimonio

Este vino nace de una paradoja triste: es el homenaje a una viña que ya no existe. La Condená debe su nombre al destino fatal de sus cepas, arrancadas en 2021 para ceder su sitio al olivar. Sin embargo, Fátima Ceballos y el colectivo Los Insensatos han logrado embotellar su memoria. Un monovarietal de Pedro Ximénez (13,5% vol.) que actúa como testamento líquido de la Viña La Estrella (Pago de Benavente).

    • Terruño y Origen: Situada a 580 msnm con orientación noreste, la viña se asentaba sobre los míticos alberos profundos de tosca de antehojuela. Un suelo franco-arcilloso que regala una de las panorámicas más bellas de la Sierra de Montilla.

    • Vinificación: Vendimia manual con selección rigurosa. Tras un desfangado estático, fermentó en tinaja de hormigón bajo control térmico. Su carácter lo define una crianza de 11 meses bajo velo de flor en tinaja, donde las lías finas aportaron estructura. Producción limitada a 1.974 botellas.

    • Cata: De un amarillo pálido, limpio y cristalino. En nariz es puro paisaje: mineralidad de albariza, matices cítricos, bollería fina y un sutil fondo herbáceo. En boca es seco, de una sapidez vibrante y persistencia salina. Un vino elegante cuya retronasal invita irremediablemente al siguiente trago.

4. MUIT El Quejigal 2021: Mimo, Identidad, Uva y Tierra

Bajo el acrónimo que resume su filosofía, MUIT es la expresión máxima de una parcela en Cerro Macho (600 msnm). Aquí, la uva Pedro Ximénez lucha con un suelo arcillo-calcáreo donde la roca madre —la tosca cerrada— marca el paso. Elaborado por Fátima Ceballos para Bodegas Toro Albalá, estamos ante un vino de añada con una capacidad de guarda asombrosa.

    • Elaboración: Un ensamblaje maestro que combina la pureza de la ánfora de terracota con la estructura de la barrica de roble francés durante 12 meses. Un equilibrio perfecto entre tradición y modernidad (13% vol., 1.818 botellas).

    • Cata: Presenta un color dorado brillante y seductor. Su complejidad aromática es un festín de frutos secos, membrillo, toques tostados y esa verticalidad mineral tan característica. En boca sorprende por su volumen y equilibrio; es largo, persistente y posee una tensión que lo hace, sencillamente, excelente.

Viñas de El Bierzo

Por último, quedarían por comentar los vinos elaborados con uvas tintas. El primero Dulas 2024, tal vez sea el que puede econtrarse más «fuera de lugar», ya que está elaborado con uvas Cabernet Sauvignon provenientes del Pago del Lagar de la Salud, de una época en la que se sustituyeron viñas blancas por castas tintas, algo que hoy considero totalmente erróneo, pero «c’est la vie!» y muchas veces tenemos que hacerle frente con decisiones tomadas por nosotros mismos o por nuestros antepasados marcadas por las presiones del momento que no tiene sentido, pasado el tiempo, valorar ahora.

5. Dulas 2024: La finura de la Cabernet Sauvignon

Desde el Lagar de la Salud, en un pequeño pago de apenas 1,5 hectáreas, nos llega este tinto que desafía las convenciones de la zona. Es un vino que busca la frescura y la amabilidad del suelo arcilloso-calcáreo sin perder la tipicidad de la variedad.

    • Elaboración: Selección manual y despalillado sin estrujar, respetando la integridad del grano. Tras una maceración prefermentativa de uva entera, el vino realizó una crianza de 10 meses en barricas de roble francés (300 y 225 litros). (13% vol., 6.300 botellas).

    • Cata: Visualmente luce un atractivo color picota de capa media-alta. La nariz es sugerente, conjugando notas de cacao con fruta negra y roja explosiva (fresa) sobre un fondo mineral. En boca es una delicia: fresco, con un carbónico sutil que le aporta alegría. Es sedoso, goloso y de una elegancia que lo hace muy fácil de disfrutar.

6. 3 Parcelas 2021: El alma del Bierzo por Toro Albalá

Fátima Ceballos traslada su maestría al Bierzo, buscando la complejidad a través del ensamblaje de tres terruños distintos. Es un ejercicio de precisión donde cada parcela aporta una dimensión diferente: fluidez, músculo y carácter.

    • El Terroir: El vino une las cepas centenarias de Mencía de tres parajes clave: El Castro (Cacabelos, caliza y arcilla), San Salvador (Torullón, pizarra y arena) y El Vallinón (Orbanajo, pizarra y arcilla).

    • Vinificación: Las parcelas se vinifican por separado para respetar su identidad, con un posterior envejecimiento de 13 meses en barricas de 500 litros. Producción de 4.433 botellas.

    • Cata: De color picota profundo y brillante. Es un vino de «capas»: asoman primero los frutos rojos, seguidos de la pizarra, el grafito y el carbón, para terminar en notas de cacao y regaliz. La boca es pura seda; elegante, equilibrada y con una acidez impecable que vertebra todo el conjunto. Un Mencía de largo recorrido y enorme personalidad.

Fátima Ceballos y Miguel Puig. Almas de Dulas

Fátima Ceballos: La mirada que está reescribiendo el Sur

Su llegada a Montilla-Moriles marca un punto de inflexión en la comarca. No solo ha demostrado que la Pedro Ximénez puede codearse con los grandes blancos del mundo a través de su precisión «borgoñona», sino que ha sabido leer la albariza con una honestidad asombrosa.

En este camino no ha estado sola ya que una parte importante de que el proyecto tenga luz se debe a su pareja y socio Miguel Puig. Juntos han convertido este proyecto en una declaración de intenciones, pero es la mano de Fátima la que traduce la tierra en emociones, demostrando que el respeto por la herencia no está reñido con la libertad creativa.

Sus vinos se agotan porque no venden marketing, sino una verdad líquida: la de una enóloga que llegó por convicción y se ha quedado para demostrar que, cuando se escucha a la tierra con respeto y técnica, el resultado es, sencillamente, pura emoción.

Fátima es, ante todo, una intérprete de paisajes. Tiene esa capacidad casi intuitiva de ver vida donde otros ven olvido —como en esa «Condená» que hoy recordamos gracias a ella— y de tratar la uva con una delicadeza que se siente en cada copa. Su figura representa el orgullo de volver al origen para hacerlo brillar, recordándonos que el mejor vino no es el que sigue una receta, sino el que tiene la valentía de contar una historia de verdad.

¡Salud y buen vino!

Tres Miradas en Montilla: el tándem Ramiro Ibáñez & Bernardo Lucena

Tres Miradas en Montilla: el tándem Ramiro Ibáñez & Bernardo Lucena

Proyecto Tres Miradas: Ramiro Ibáñez y Bernardo Lucena

Cuando en el 2018 tuvimos la oportunidad de descubrir las elaboraciones que estaba realizando Bodegas Alvear de la mano del equipo Envínate junto con el enólogo Bernardo Lucena, pudimos comprobar cómo existía vida en Montilla-Moriles más allá de la crianza biológica y oxidativa bajo el sistema de criaderas y soleras.

En aquella ocasión la finalidad era comprobar cómo los blancos de pedro ximénez de distintas parcelas se iban a comportar a través de fermentaciones con y sin pieles con un trabajo más centrado en bodega que en la viña.

Con la llegada de Ramiro Ibáñez al proyecto en 2019 la filosofía de trabajo se centra más en comprobar las diferencias que se pueden observar en base a tres parámetros: suelo, altitud y orientación. Es decir, el trabajo se va a centrar más en el terruño.

Ramiro Ibáñez y Bernardo Lucena en Proyecto Tres Miradas

Partiendo de esa premisa mi idea era realizar una cata que daría lugar a tres distintas o, mejor dicho, una cata desarrollada en tres fases:

Una primera partiría de catar a la vez las dos elaboraciones que nacían del origen de los vinos de tinaja y que no habían tenido paso por madera:  Vino de Pueblo 2020 y El Garrotal 2020
La segunda parte se centraría en la cata de un vino de tinaja, pero con un paso por bota de madera vieja durante 18 meses, Paraje de Riofrío Alto 2018.
Y la tercera y última fase, sería la cata de los tres vinos parcelarios que no habían pasado por la fase de tinaja, pero que se habían envejecido en botas que habían contenido el fino CB durante 18 meses: Viña de Antoñín 2019, Cerro Franco 2019 y Cerro Macho 2019.

Alvear

Pero vayamos por partes antes de entrar de lleno en la cata.

Creo que es de justicia al menos dar unas pinceladas sobre la primera bodega más antigua de Andalucía y la segunda de España (por si alguien tiene curiosidad, la primera es Codorníu).

Alvear nace en 1729 en la zona de Montilla por parte de Diego de Alvear y Escalera, y en la actualidad está dirgida por la octaba generación. La verdad es que pocas empresas familiares podrían decir lo mismo.

Con Sabina Alvear Ward (1815-1906), la bodega centra su interés en la uva pedro ximenez, variedad de piel fina y nivel de azúcar alto, con la que se replantan todas las parcelas de la bodega tras la epidemia de la filoxera y realiza, además, una labor fundamental a la hora de impulsar los vinos de Montilla por Europa, principalmente en Gran Bretaña y Francia.

Con Francisco de Alvear  (1869 – 1959) se implanta el sistema de criaderas y soleras en Montilla y se crea la tipología del amontillado.

Para Ramiro Ibáñez “Alvear entiende que la elegancia y la frescura están en la sierra, una zona 200 metros más alta que Moriles. A raíz de esto empiezan a aparecer otros lagares que intentan imitar esa finura, que se podría equiparar a la de los vinos de Sanlúcar frente a la potencia de Moriles que se asemeja más a Jerez”

En la actualidad, la bodega sigue siendo de propiedad familiar en manos de más de 50 propietarios y exporta el 40% de su producción a más de 25 países diferentes entre los que se encuentran Gran Bretaña, Holanda, Japón, Canadá y Australia.

Diego de Alvear

Clima.

Nos encontramos en un clima clasificado como semi-continetal mediterráeno con veranos cálidos, largos y secos  en los que puede llegarse durante los meses de julio y agosto a 46º C e inviernos cortos y relativamente suaves.

Zona en las que las horas de sol se sitúan sobre las 3.000 al año y la pluviometría oscila entre los 500 y 1.000 mm repartida de forma muy irregular.

Esta climatología marcará el desarrollo del ciclo vegetativo y fenólico de la vid lo que hará que se refleje tanto en la maduración de la uva como en la consecución de una graducación alcohólica natural que incidirá en que los vinos destinados a la crianza biológica, no necesiten encabezarse, a diferencia de la mayoría de los vinos de crianza biológica que se elaboran en el Marco de Jerez.

Suelos

Para la elaboración de estos vinos se seleccionaron las mejores parecela dentro de la subzona de Calidad Superior formados por albarizas y situados principalmente en la Sierra de Montilla: La Viña de Antoñín, Cerro Franco, Cerro Macho, El Garrotal y la Casilla del Hospital.

Terrenos procedentes del Cretáceo formado por tierras margosas altamente calizas y ricas en carbonato cálcico, pobres en materia orgánica, de estructura hojaldrada o grumosa, muy profundos y con un elevado poder retentivo de la humedad. En estos suelos, las raíces de la cepa se desarrollan principalmente en los primeros setenta centímetros de profundidad, si bien la raíz principal puede llegar a sobrepasar los cuatro metros de fondo. 

Nos encontramos en la parte más elevada y oriental del término, es decir a la parte de relieve más pronunciado, tal y como indicaremos en los tres parcelarios, que van de 525 a 610 msm.

Suelos calizos de Sierra de Montilla

Poda a «la ciega»

Cuando nos envió la información la bodega sobre los vinos, algunos nos preguntamos qué tipo de poda era «a la ciega» y creo que la mejor definición la encontré en la hoja divulgadora «Poda de invierno en la vid» del ingeniero agrónomo Antonio Larrea y publicada en 1966:

«En el sur de España es bastante corriente la poda «a la ciega» o«a la casquera».

Para formar la cepa se la poda el primero y segundo año, dejando una guía y una yema sobre la guía (yema vista); de este modo se obtiene untronco que irá aumentando y engrosando con los años.

La poda de producción consiste en dejar en el contorno del tronco un número de brotes variable, llamados «pulgares», que no tienen más que la yema ciega y un trozo de entrenuclo sobre ella. Para tener estos pulgares se escogen sarmientos de buen vigor, nacidos de yemas adventicias sobre madera vieja, o de las yemas ciegas de los sarmientos nacidos más próximos a la cabeza de la cepa.»

Aclarado queda y como una imagen vale más que mil palabras…

Poda a la ciega

Levaduras

Si hasta ahora hemos observado la personalidad de estos vinos en cuanto a suelo, clima y orientación, no debemos de olvidar que nos encontramos ante otra peculiaridad que los hace distintos, no sólo hacia los vinos generosos andaluces en general, sino hacia los vinos generosos elaborados en Montilla en particular, gracias a la cepa mayoritaria de las levaduras.

Según la tésis doctoral de Miriam Marín Menguiano, realizada en el 2014  en la Universidad Pablo Olavide bajo el título «Caracterización y mejora de levaduras de flor aisladas en la Denominación de Origen Montilla-Moriles«, se demuestra que junto con los suelos, la altitud y la orientación que definen los vinos elaborado por Alvear, hay también que destacar que es la única, de las 5 bodegas estudiadas, en las que las levaduras que participan en la vinificación son distintas a las otras 4, ya que la predominante es la especie sacharomices cerevisiae montuliensis (14%) en contra de la levadura mayoritaria de Montilla, la sacharomices cerevisiae beticus (86%).

Crianza bajo velo Tres Miradas

Carlos Saldaña, Director Gral del Consejo Regulador de la DD.OO. Jerez-Xérèz-Sherry ,señala que esta influencia se refleja

«tanto en la capacidad de producir acetaldehídos como en el consumo de ácido acético y por lo tanto aportantando matices sensoriales diferentes. Es lo que algunos definen como el «terroir de la bodega«.

En este caso la montuliensis consume más etanol y además producen mayor cantidad de acetaldehído dando lugar a aromas que pueden recordarnos a frutos secos como las avellanas, las nueces o las almendras tostadas; a manzanas asadas y a veces a recuerdos de membrillo en compota, así como a pieles de cítricos secas.

Los vinos

Los vinos de Tres Miradas

1.- Vino de Pueblo 2020

100% Pedro Ximenez. 13,5% vol. Suelo de albarizas de la zona más elvada de la Sierra de Montilla.

Vino de ensamblaje de distintas parcelas de la Sierra de Montilla – Calidad Superior. Elaborado con uva de la variedad Pedro Ximénez procedente de cepas viejas cultivadas en vaso de los parajes de Riofrío Alto y de Ladera de Benavente.

Tras la vendimia manual y el despalillado, la uva se prensa directamente y procede a la fermentación en tinajas de hormigón de 300@ (4.800 l).

Posteriormente el vino reposa en la misma tinaja durante ocho meses (o hasta la primavera siguiente a la vendimia), bajo el velo de flor

Cata:

Amarillo pajizo con reflejos verdosos.

Aromas a levadura de flor, toques florales (anís), recuerdos frutales (manzana madura) y sensaciones minerales.

Boca fresca, equilibrado y de buen recorrido. Muy varietal.

2.- El Garrotal 2020

100% Pedro Ximenez. 13,5% vol. Suelo de albarizas.

Elaborado con uvas de la variedad Pedro Ximénez procedentes de la parcela El Garrotal, del paraje Riofrío Alto, cultivada en vaso.

Viticultores: José Rosa y Manuel Peinado. Bodeguero: Alejandro Villatoro. 

Tras la vendimia manual y el despalillado, la uva se prensa directamente y procede a la fermentación en tinajas de hormigón de 300@.

Posteriormente el vino reposa en la misma tinaja durante ocho meses (o hasta la primavera siguiente a la vendimia), bajo el velo de flor.

Cata:

Color amarillo pajizo pálido. Limpio. Atractivo.

Aromas de fruta (manzana, membrillo), sensaciones salinas, recuerdos anisados, frutos secos y minerales (caliza).

Boca con excelente sapidez, largo y con un ligero final adictivo.

Más varietal y levadura de flor menos marcada.

3.- Paraje de Riofrío Alto 2018

100% Pedro Ximenez. 13,5% vol. Suelo de albarizas de la Sierra de Montilla (Calidad Superior)

Elaborado con uva de cepas viejas de la variedad Pedro Ximénez, cultivadas en vaso, en distintas parcelas del Paraje de Riofrío Alto en la Sierra de Montilla. 

Tras la vendimia manual y el despalillado, la uva se prensa directamente y procede a la fermentación en tinajas de hormigón de 300@.

Posteriormente el vino reposa en la misma tinaja durante ocho meses (o hasta la primavera siguiente a la vendimia), bajo el velo de flor.

Después el vino pasa a su crianza en botas viejas situadas en la Bodega Monumental, donde reposa bajo el velo de flor 10-12 meses adicionales, hasta su saca para embotellar.

Cata:

Llamativo color amarillo pálido con reflejos dorados.

Intenso y complejo en nariz con aportes de fruta amarilla, manzana, hinojo, recuerdos de miel, toques de regaliz y sensaciones salinas.

Boca amplio, complejo, con una excelente acidez y tensión. Cremoso. Excelente.

Parcelas del Proyecto Tres Miradas

4.- Viña de Antoñín 2019

100% Pedro Ximénez. 14,5% vol. Suelos de albariza.

Vino de parcela única con orientación noroeste situada a unos 525 m sobre el nivel del mar en la Sierra de Montilla, de Calidad Superior.
Elaborado con uva de la variedad Pedro Ximénez procedente de cepas muy viejas cultivadas en vaso y podadas “a la ciega”, en el paraje de Riofrío Alto, por el viticultor Pablo Delgado.
Tras una vendimia manual seleccionada, despalillado y prensado directo, la fermentación se realizó en botas viejas, anteriormente envinadas con el Fino CB.

Después de terminar la fermentación maloláctica de forma espontánea, el vino reposa en las mismas botas, bajo velo de flor, durante 18 meses.

Parcela situada al NW en una orientación más cálida y con menos viento da lugar a un vino con más % vol.

Cata:

Precioso color amarillo con reflejos dorado. Sensaciones glicéricas en agitación.

Aromas de frutos secos, marcados minerales (caliza) y recuerdos a pan con ese toque de acidez que que deja la masa madre.

Boca amplia, envolvente, con una retronasal compleja en la que vuelven las sensaciones de frutos secos, las notas minerales (tiza) y toques de fruta amarilla madura. Adictivo. Excelente.

5.- Cerro Franco 2019

100% Pedro Ximenez. 13% vol. Suelos de Albariza.

Vino de procedente de la parcela más elevada de la Sierra de Montilla, de Calidad Superior, en el extremo del paraje de Riofrío Alto, de orientación sureste y una altura superior a los 600m. Son viñas viejas del agricultor José Antonio Rosa Bobi, cultivadas en vaso y podadas “a la ciega” de la variedad Pedro Ximénez.

Tras una vendimia manual seleccionada, despalillado y prensado directo, la fermentación se realizó en botas viejas, anteriormente envinadas con el Fino CB.

Después de terminar la fermentación maloláctica de forma espontánea, el vino reposa en las mismas botas, bajo velo de flor, durante 18 meses.

Cata:

Precioso color amarillo con con tonalidades doradas. Intenso. Atractivo.

Aromas marcados por la crianza bajo velo, el aporte del terruño y las sensaciones frescas de hierbas aromáticas (anís) y frutos secos (avellanas).

Boca amplia, elegante, puro equilibrio con una exclente acidez, vertical, directo, fresco, elegante y largo. Excelente.

6.- Cerro Macho 2019

100% Pedro Ximenez. 12% vol. Suelos de albariza.

Vino procedente de la parcela más elevada de la Sierra de Montilla, de Calidad Superior, en el extremo del paraje de Benavente, de orientación oeste y una altura superior a los 610 m. Son viñas viejas de los viticultores Juan Antonio Espejo y José Espejo, c ultivadas en vaso y podadas a la ciega”, de la variedad Pedro Ximénez.

Tras una vendimia manual seleccionada, despalillado y prensado directo, la fermentación se realizó en botas viejas, anteriormente envinadas con el Fino CB.

Después de terminar la fermentación maloláctica de forma espontánea, el vino reposa en las mismas botas, bajo velo de flor, durante 18 meses.

Cata:

Atractivo color amarillo pálido con reflejos verdosos.

Aromas complejos que despliegan matices de levadura de flor, minerales, frutos secos y recuerdos anisados. Muy elegante.

Boca con un ataque fresco, envolvente, largo, con una excelente acidez. Muy vertical.

Quizás por la altitud del paraje sea en el que mejor se refleja mayor acidez y dónde queda muy bien representado el terruño.

Excelente, y como sus hermanos «parcelarios», realmente adictivo.

Tres miradas en copas

Conclusiones.

Excelente y soprendente cata en la que partiendo de las elaboraciones en tinaja de hormigón se intenta reflejar en los vinos la influencia de casta y suelo, pero sin dejar atrás la aportación de las parcelas en cuanto a su orientación y altitud, aunque como comenta Ramiro Ibáñez en Spanish wine lover,

«son vinos de método, con más maceración y trabajo en bodega, que todavía no están muy ligados al terruño. Se necesitan aún unos años para generar una sensiblidad y profundizar en el conocimiento del entorno»

Está claro que los principios son realmente sorprendentes y muy atractivos en elaboraciones con crianza biológica estática, experimentando con volúmentes y envejecimiento de los vinos en tinaja de hormigón y con la aportación de las levaduras «autóctonas» de bodega aportadas por las barricas envinadas en el fino CB buscando cuál sería el mejor camino para conseguir que el terruño de la Sierra de Montilla se exprese en su conjunto sin perder la personalidad y armonía de los verdaderos protagonistas.

Quedamos a la espera de la Tercera Mirada.

Fotos: Alvear y autor.

Fátima Ceballos Simón: El rostro de la nueva era en Montilla-Moriles.

Fátima Ceballos Simón: El rostro de la nueva era en Montilla-Moriles.

Comienzo el recorrido por varios proyectos vinícolas en los que las mujeres son las protagonistas y nada mejor que empezar con Fátima Ceballos para conocer su trayectoria, filosofía de trabajo y sus vinos, tanto en la zona de Montilla-Moriles como en El Bierzo, y comprobar los resultados en los vinos blancos y tintos que elabora.

Adiós con el corazón que con el alma…

Adiós con el corazón que con el alma…

Se nos va 2024 al que obviamente echaremos de menos porque no volverá. Para algunos estoy seguro que será inolvidable y para otros un "annus horribilis", pero es un año menos que dejamos marcado como muescas de un tiempo pasado. En estas fechas está de moda el...

De copa en boca: Ossian Capitel 2014

De copa en boca: Ossian Capitel 2014

Javier Zacagnini & Ismael Gozalo, un tandem irrepetible. Lamentablemente no tuve la oportunidad de conocer a Javier Zacagnini, tristemente fallecido el año pasado, ni la he tenido con Ismael Gozalo,  aunque, como dice el texto sagrado, por sus hechos los...

Mil Monts 2021. Las «mil montañas» de Orly en Gredos.

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 Orlando Lumbreras, Orly. No es la primera vez que hablo de Orly, ni será la última que comente algunos de sus vinos como homenaje a un viñador que cerró una etapa de su vida, y supongo que habré contado numerosas veces cómo lo conocí , pero no está de más hacerlo de...

De copa en boca: Pajarete Dulce, un vino para quitar las penas.

De copa en boca: Pajarete Dulce, un vino para quitar las penas.

Bodegas Quitapenas

En 1878, cuando la enfermedad de la viña «Filoxera» se extiende por toda la Axarquía, Francisco Suárez se traslada con su familia al Valle de las Viñas de Miraflores del Palo, en Málaga capital. Aquí es donde traslada también el negocio de vinos y comidas, ubicándose en la Calle del Mar, en la finca conocida con el nombre de «La Huertecilla», fundando en 1880 las conocidas Bodegas Quitapenas.

Generación tras generación siguieron conservando el buen hacer del vino, adquiriendo, con el transcurso del tiempo, fama entre los numerosos arrieros que hacían un alto en esta casa situada en la carretera de Vélez – Málaga, lugar que pronto empezó a conocerse como las bodegas «que nos quitan las penas».

Los primeros vinos producidos ya en la calle de Málaga, número 42, actualmente conocida como Avenida Juan Sebastián Elcano fueron el «Moscatel Extra, o Quitapenas», el «Montes» y el «Málaga Lágrima» instalandose allí el lagar de pisa de uva y la nave de botas.

En 1940 se inicia el embotellado de vinos y en esa misma época Bodegas Quitapenas ingresan como miembro del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Málaga.

El vino:

Pajarete es un vino de licor semi dulce elaborado con los mostos de las variedades de uva Pedro Ximénez (80%), Moscatel de Alejandría (19%) y Romé (1%). 17% vol. PVP 11,90 €.  D.O. Málaga

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen “Málaga” define el Pajarete como un «vino de licor cuyo contenido de azúcar oscila entre los 45g/litro y los 140g/litro. El vino Pajarete debe ser envejecido mínimamente durante dos años, no debe tener adición de arrope y debe ser de color dorado a ámbar oscuro.»

Este vino tras el proceso de fermentación en frío -paralizada con adición de alcohol vínico cuando quedan 70 gr./l. azúcar- y las clarificaciones, se procede al ensamblaje de los tres mostos. No tiene en su elaboración adición de arropedel árabe hispano arrúbb, es el producto obtenido mediante deshidratación parcial del mosto a fuego directo hasta llegar a la caramelización de sus azúcares, para obtener una consistencia de jarabe«. Wikipedia). Posteriormente pasa a una crianza oxidativa en botas de roble americano de más de 36 meses, bajo el siste de crianza estática de criaderas y soleras.

Pajarete Quitapenas

La cata:

Precioso color ocre-ambarino, brillante y con reflejos anaranjados. Lágrima fina y densa.

Aromas a frutos secos (avellanas) acompañados de sensaciones de pasas, toques de dátil y caramelo. Recuerdos de cáscara de naranja y maderas nobles. Aportes de bollería fina (brioche). Complejo.

Buen ataque. Largo, con muy buena acidez, envolvente, equilibrado y elegante. Retronasal en la que las senaciones olftivas se refuerzan (caramelo, pasas, recuerdos de orejones, puntas cítricas y toques de bollería).  Realmente excelente.

Puede ir muy bien como vino de aperitivo y se recomienda para acompañar foie, quesos fuertes y curados, frutos secos y arroces, aunque yo lo he disfrutado también como vino de «reflexión», es decir, sin nada de acompañamiento, bueno sí, con el sonido de piano de fondo de Bill Evans.

Pajarete Bodegas Quitapenas

Podemos seguir buscando y descubriendo nuevas elaboración allende de nuestras fronteras, pero desde luego aún nos queda mucho por descubir dentro de las nuestras y el caso de los vinos elaborados en Málaga es uno de ellos.

Nos encontramos en una provincia que cuenta con 5 zonas distintas de producción (Axarquía, Serranía de Ronda, Manilva, Montes de Málaga y zona Norte) y con cuatro zonas climáticas distintas: clima Atlántico de Manilva, otro en la zona de Málaga capital que es Mediterráneo, y en el resto de la provincia un clima Continental.

He comentado varios vinos de Málaga y me declaro un enamorado de sus vinos, secos y dulces, y lo único que nos queda es que difundir como el eco este tipo de vinos marcados por las castas, la tierra, el clima y la forma de elaboración de algunos de ellos.

¡Salud y buen  vino!

Proyecto 3 Miradas de Alvear: la fusión perfecta entre casta y terruño.

Proyecto 3 Miradas de Alvear: la fusión perfecta entre casta y terruño.

Siempre es un placer contar con un representante de la bodega para que nos cuente o nos aclare los entresijos de los vinos que allí se elaboran, y en esta ocasión se acercó Javier Noval, Director Comercial de Bodegas Alvear, para ilustrar al Enolobby Charro sobre un proyecto del que había oído hablar y que estaba deseando «disfrutar»: el Proyecto 3 Miradas.

Javier Noval. Bodegas Alvear

Esta mirada atrás se inició con el Equipo Navazos y la aparición de los vinos Navazos-Niepoort hace ya más de diez años, que tenían como finalidad la recuperación de elaboraciones de vinos biológicos sin encabezar que habían nacido en Cádiz en la segunda mitad del s. XVIII y cuya vida se alargó durante todo el siglo XIX. En cierta forma lo «nuevo» hoy es un retorno al pasado.

En esta ocasión la unión de Bodegas Alvear con Bernardo Lucena a la cabeza junto con Alfonso Torrente y Roberto Santana del grupo Envínate marcaba un objetivo: la recuparación de vinos elaborados de forma ancestral a como se hacían en Montilla en el s. XVIII con una serie de condiciones comunes:

  1. Partir de viñedos recuperados que han sido clasificados como de Calidad Superior en la Sierra de Montilla.
  2. Viñas de 40 a 60 años de Pedro Ximenez
  3. Mostos recogidos a 11,5º – 12,5º en perfecta maduración y sin esperara a que alcancen los 15º exigidos para la elaboración de finos.
  4. Rendimientos bajos.
  5. Mostos fermentados en tinajas de hormigón de 150 y 300 arrobas en el Lagar de Las Puentes, bajo velo de flor, durante 8 meses, tanto las elaboraciones con pieles como las elaboraciones sin ellas.
  6. Realización de una ligera crianza en bota.

Esta edición 2016-2107 es la primera compuesta por 3 miradas. Dos son las que comentaré y la tercera se hará esperar ya que está envejeciendo en bota un tiempo no determindado.

Por cierto, les recomiendo la excelente entrevista que le hizo Concha Herrero sobre el Proyecto a Roberto Santana en el blog de Bodeboca.

El año que viene habrá que esperar la sorpresa de nuevos vinos provenientes de otros pagos, distintas elaboraciones y tipologías. ¡Paciencia! Ya sabemos que lo bueno se hará esperar.

Mirada a Mirada, parcela a parcela

Primera Mirada

Vino de aldea, vino del municipio de Montilla y su sierra, mezcla de las diferentes parcelas que se han vinificado con pieles y sin pieles, dando lugar a un ensamblaje definido como «Vino de Pueblo».

Vino de Pueblo 2016

Catamos este vino en último lugar ya que al ser el producto de varias parcelas nos pareció buena idea para intentar observar y descubrir el aporte de las distintas parcelas. 12,5% vol.

Cata:

Color amarillo con ligera turbidez. Lágrima viva. Expresiva nariz con aportes minerales (pedernal), punta cítrica, nueces, punto de hinojo, toques de tofe y de manzana verde. Boca marcada con una excelente acidez, cierta golosidad, largo, largo, con una tanicidad de la fruta elegante y sutil.

Segunda Mirada:

Colección limitada que sale al mercado en caja de seis botellas. Viñas viejas y plantadas en vaso de los pagos de La Viña de Antolín, Cerro Macho y El Garrotal. Un mosto es elaborado sin pieles y otro con pieles (skin contact) con unos meses bajo velo de flor.

Parcela La viña de Antoñín:

Situada a 525m de altitud y orientación oeste. Se encuentra situada dentro del paraje de Riofrío Alto. Viñas viejas de Pedro Ximenez y algo de Vidueño, trabajadas por el viticultor Pablo Delgado.

La viña de Antoñín 2016. 12% vol.

Antoñin

Cata:

Brillante, limpio, amarillo intenso. Nariz marcada por las notas minerales (tiza), frutos secos, levadura flor, sutiles hinojo y toques de nata. Boca con muy buena sapidez, largo, fresco, elegante y complejo.

La viña de Antolín Skin 2016. 12% vol

Antoñin Skin

Cata:

El aporte de las pieles marcan un amarillo más intenso que desarrolla en nariz aportes de cáscara de naranja, lavanda, romero tomillo, sutiles minerales, toques de membrillo, tofe. Menos potencia olfativa y menos floral en nariz que el hermano sin pieles.

Boca con excelente acidez, largo, complejo, con más estructura y manteniendo más la intensidad aromática a lo largo de la cata. Excelente.

Parcela El Garrotal

De orientación este y a 570 m de altitud. Se encuentra también en el paraje de Riofrío Alto, pero a mayor altura. Viñas viejas de PX trabajadas por el viticultor José Rosa.

El Garrotal 2016. 12,5% vol.

El Garrotal

Cata:

Color amarillo con ribete verdoso, itenso. Aromas minerales (tiza), frutos secos, aportes de hinojo y toques de brioche. Boca con buena acidez y más golosidad que las Miradas anteriores. Sutil tanicidad de la fruta que se nota en las encías. Fresco, sápido, con más peso en boca y largo.

El Garrotal Skin 2016. 12,5% vol.

El Garrotal Skin

Cata:

En vista se muestra amarillo más intenso. Bonito. Nariz con toques yodados, minerales, tofe y regaliz. En boca matiene la máxima de sus hermanos con una muy buena acidez, sápido, largo, complejo y una retronasal en la que se mantienen un claro protagonista: la mineralidad. Deje final de tanicidad que me encanta. Pura elegancia.

Parcela Cerro Macho:

Las dos parcelas de Cerro Macho, en el extremo de Riofrío Alto, de orientación SW, son las más altas de las tres, situadas a 610 m. Viñas viejas de PX de los viticultores José Rosa y Juan Antonio Espejo.

Cerro Macho 2016. 11,5% vol.

Cerro Macho

Cata:

Amarillo brillante, limpio, más denso. Aromas con ligeros toques de verdor que no molestan dejando recuerdos de hinojo, caliza, toques cítricos, notas florales, nueces y membrillo fresco. En boca es puro equilibrio con muy buen acidez, largo, complejo y elegante. Muy interesante.

Cerro Macho Skin 2016. 11,5% vol.

Cerro Macho skin

Cata:

Color amarillo más intenso que sus hermanos anteriores mostrando más untuosidad en agitación. Nariz con recuerdos yodados, minerales, frutos secos, nueces. Boca en la que la tanicidad de la uva se deja notar. Excelente acidez, sabroso, más cálido que sus hermanos y con una retronasal en la que las notas olfativas vuelven a dejarse notar y disfrutar.

Las Miradas en copas

Conclusiones

Excelente experiencia en la que se realiza un recorrido visual, olfativo y gustativo de seis vinos elaborados con y sin pieles de tres parcelas distintas y un ensamblaje final dentro de un área reducida en las que se pueden observar diferencias claras entre parcelas marcadas por suelo y altitud, además de resaltar su estructura y complejidad marcadas por las elaboraciones con y sin hollejos.

Me parece una intersantísima propuesta. Didáctica, amena y muy disfrutable por parte de Alvar y Envínate. Ahora toca esperar a que salga la Tercera Mirada y que volvamos a encontrarnos con sus «ojos» el próximo año.

Si tiene ocasión de hacerse con el estuche, se lo recomiendo. Además la RCP es excelente. En esta época invernal que nos acontece, sientese, descorche y disfrute… Mirada a Mirada.

Nuestras anfitrionas, Sara y Sofía, del Restaurante Singular nos prepararon unos platos para maridar con los vinos que resutaron francamente atractivos y de los que dejo muestra gráfica de su Ensalada templada de calabaza y remolacha asada con quinoa y un Marmitako de atún de chuparse los dedos.

Ensalada templada de calabaza y remolacha asadas con quinoaMarmitako de atún

 

¡Salud y buen vino!