Vino Monte Real: Nunca es tarde si la dicha es buena

Vino Monte Real: Nunca es tarde si la dicha es buena

Aunque se editó en septiembre del 2010 en mi blog de Verema no lo había importado a mi blog personal, cosa que hago ahora, porque «nunca es tarde…»

Y en este caso la dicha era más que buena, aunque también había momentos de preocupación previa: nos reuníamos en el Restaurante El Candil de Salamanca 9 enochalados y nos ibamos a enfrentar a una cata de Monte Real de los años 60, en concreto Reserva del 64, Reserva del 66, Cosecha del 68 y Gran Reserva del 70. Además se aportó una botella de Reserva del ’03 para comprobar la elaboración actual de la bodega.

Una de las grandes preocupaciones -por no decir la principal- era saber cómo se encontraban los vinos después de más de 40 años embotellados. Ni que decir que cuándo los adquirí tuve cuidado de comprobar el nivel del vino y observar si habían tenido pérdidas, así como su nivel de nitidez al trasluz, desechando aquellas con turbidez.

Llegado el momento nos dispusimos a abrir las botellas comprobando que la que tenía el mejor corcho, era la botella de la añada ’64, aunque a pesar de los esfuerzos acabó rompiéndose. Para evitar que los posibles sedimentos y trozos de corcho cayeran en las copas se utilizó un pequeño embudo con filtro de acero.

Alea iacta est! La tensión se sentía en el ambiente, amén de la espectación por ver cómo pasaba el vino de la botella a la copa. Se barajó la opción de servir las botellas de «posible» mejor a peor evolución en el tiempo, pero se decidió el servicio por orden de mayor  a menor antiguedad.

Llamativo también resulto que ninguna de las botellas indicara su grado, la diferencia de etiquetado del Reserva del 66 y la falta de información de la botella Cosecha del 68.

Monte Real Reserva 1964

El único de todos elaborado con la técnica de maceración carbónica y después envejecido en barrica.

En vista se mostró de color rubí con menisco atejado-ambarino-yodado. Limpio, de lágrima fina, glicérico. En nariz desplegó notas de cáscara de naranja, alacena, cueros, notas -aún- de fruta, rosas secas. «Incredíbile» para un vino con más de 40 años. En boca mostró una excelente acidez, fresco, con ligero amargor final y aún con taninos vivos. ¡SORPRENDENTE!. Estaba aún vivo, y muy vivo.

     

Monte Real Reserva 1966

El segundo de la noche se alejaba de las bondades de su hermano anterior. De tono rubí aún se mantenía limpio, aunque en las dos últimas copas apareció la turbidez de los sedimentos. En nariz las notas iban de carne, cáscara de naranja, terrosas húmedas (esos recuerdos a teja mojada), barniz antiguo, pelo y cuero. En boca mostraba menos acidez que el anterio y mantenía un ligero amargor final.

Dejemos aparte las comparaciones. El vino se mantenía vivo, pero jugaba claramente otra liga.

Monte Real Cosecha 68

La verdad es que cuando tuve la botella entre mis manos, días antes a la cata, me quedé perplejo: ¡COSECHA!, y como diría Patricia Conde «¿pero esto qué es?, ¿pero esto qué es?», y nos quedamos con las ganas de saberlo -salvo que alguien nos lo aclare-. No indicaba ninguna clasificación y nos temimos lo peor. También mostraba el corcho con notas de moho y tal vez el por conservado, pero como diría mi abuelo -que era un gran aficionado a los toros, aunque ahora no fuese politicamente correcto-: ¡Al toro qué es una mona!, y servimos.

Mostraba en vista un color rubí con menisco atejado y notas yodadas. Limpio y brillante con una lágrima lenta y densa -se habló de la participación de la garnacha en este vino-. En nariz marcaba notas de pelo de animal, terrosas y cáscara de naranja. Más flojo, pero también vivo. En boca mostraba menos acidez que los anteriores, ligrero pero agradable, con un punto goloso al final y unas notas más alcohólicas -si no recuerdo mal se habló de un vino con notas a brandy-.

Monte Real Gran Reserva 1970.

Llegábamos al final y la espectación se despertaba aún más. Habíamos oído maravillas de este 70 y realmente no defraudó, es más nos llevó a preguntarnos ¿como es posible que se hicieran estos vinos vivos y disfrutables aún sin los medios y los conocimientos técnicos de la actualidad?.

Servido el útlimo de los históricos nos encontramos con un vino que en vista mostraba notas rubíes con menisco yodado-ambarino. Limpio y brillante. Con una nariz en la que apaecían notas de vainillas, fruta roja, pétalos de rosa seca, tabaco y caja de puros. Y una boca con una excelente acidez, largo, aún con notas de tanicidad, envolvente y elegante. Realmente excelente y -como también se comentó-, aún falto de botella.

Monte Real Reserva 2003.

Y para terminar, y mejor no comparar con lo anterior, nos enfrentamos a la «rama moderna» de la bodega: Vino en la línea de un reserva riojano: rubí con menisco atejado. En nariz notas a medicamento, caucho -«frenazo»-, abríendose a notas de fruta, vainillas y mentolados. En boca se mostraba secante en la que la presencia de la madera era aún notable, y plano.

En fín una pena que no se haya seguido -o sabido- seguir con formas de cultivar la viña y elaborar el vino que nos han dado tan gratas sensaciones en vinos de más de 40 años, cada uno con sus características propias, pero todos vivos.

Y como diría mi admirado Porky: ¡Y eso es to…, eso es to…, eso es todo amigos!.

Como quiero que me sirvan el vino

Como quiero que me sirvan el vino

Tomando como título de esta entrada el del libro de Aturo Pardos -recientemente reeditado y que recomiendo a todos aquellos amantes del vino y sean gente de mente abierta-, quiero comentar lo que a uno servidor ,y me consta que a gran parte de los mortales, se encuentra cuando entra en un establecimiento y desea tomarse un vino, ya sea por copas o por botellas.

Siempre me ha llamado la atención -y creo que ya lo he comentado en algún post- no tanto cómo se sellan las dentaduras postizas, sino como se despegan -algo que nunca explican en los anuncios- y de la misma forma nunca me he explicado cómo es posible ofertar «tropecientos» vinos por copas sin tener un sistema de conservación de la botella una vez abierta. Porque claro, no es lo mismo que te ofrezcan Vega Silia por copas y no sepas cuál es el sistema que ha permitido mantener el contenido en perfectas condiciones de conservación y temperatura. Y de eso hay un carro. Desparramas la vista y lo único que ves son botellas sobre la barra con el tapón de corcho puesto como único sistema de sellado.

No digo que fuera obligatorio contar con un equipo dispensador de vinos por copas de los que inyectan nitrógeno evitando la oxidación del vino, a la vez que mantienen la temperatura óptima de servicio para blancos y tintos -aunque se debiera-, pero hombre ¡ni un miserable Vacuvin!.

La verdad es que he llegado a la conclusión de que la inexistencia de estos y otros sistemas de conservación del vino está apoyada en la creencia -errónea- por parte del hostelero de que el cliente bebe sin exigir -o desconocer- este tipo de medidas y si apenas distingue un vino de la Ribera del Duero de un vino de la zona de La Mancha ¿para qué me voy a molestar en invertir en esa mejora?.

Otro punto a tratar es el tema de la cristalería, porque el fabricante de modelo Princesa debe ser multimillonario, pero da pena servir un buen vino en tamaña copa -y hay veces que el contar con la Princesa no deja de ser un lujo-. Por favor ¿porque no invierte usted en una vajilla digna?. De verdad que se lo vamos a agradecer, y muchas veces se rompen más copas por el mal manipulado de operarios -lavado, secado, …- que por los propios clientes. Se puede ser más sofisticado,  y comentar que dependiendo de la copa en la que se sirve un vino las sensaciones son distintas, pero con un tipo de copa digno el vino se disfruta mucho más.

Llamar la atención de que al igual que en la industria textil se pide la homologación de las tallas, en la hostelería se homologue la cantidad de vino que se sirve, aunque en este caso hay que decir que reina la talla más bien XS, y no me extrañaría que de una media de 6 copas de vino por botella estemos cercanos a la docena, eso sí al mismo precio, con lo que en vez de beber una copa de vino, lo que haces es rozar el contenido y sentir una ligera humedad en la boca con unas sensaciones retronasales inexistentes, y oiga ¡tomar una copa de vino para no disfrutar es tontería!.

Punto y aparte es el tema de la temperatura -en gran parte solventado si tuvieramos un armario con temperatura controlada- y que a veces te da la sensación de que el vino está a punto de «ebullición», sobre todo si la copa nos la tomamos en verano porque parece que la máxima de servir el vino «a temperatura ambiente» se suele extrapolar a la temperatura que se tiene en la Plaza de España de Sevilla en pleno mes de agosto. Y por favor no me menten la moda de añadirles dos «piedras» de hielo al vino blanco de Rueda que tan de moda se puso este verano. ¡Aberraciones las justas!

Por último comentar la sensación de tener un lacayo a tus espaldas -como si me sirviera el mayordomo de Downton Abbey- que está a la espera de ver medio vacía la copa para seguir rellenándola y marcarte un ritmo de consumo cercano a la velocidad en la corta distancia.

Bueno, estos son unas pinceladas de lo que nos solemos encontrar, pero seguro que podéis aportar más. Así que os animo a que entre todos elaboremos un manual de las buenas costumbres en el servicio del vino.

Tenéis mi blog a vuestra disposición.

¡Más De-mencía por favor!

¡Más De-mencía por favor!

Siempre que tenemos una cata y nos acompaña el padre de las «criaturas» el disfrute es doble porque se produce una sinergia entre él y los miembros del grupo y nos trasmite la pasión que siente a la hora de elaborar sus vinos partiendo del terruño, del cuidado de las cepas o de las técnicas que utiliza. En definitiva del por qué y cómo le ha llevado a conseguir un producto en el que hay una extensión de su filosofía de trabajo, que en muchos casos es una forma de vida. Así nos sucedió con Chus Madrazo, Germán Blanco, Samuel Cano o César de La Tintorería -haciendo de embajador de Raúl Pérez-, y así nos ha sucedido con Nacho León.

En esta ocasión habíamos invitado a Nacho León, miembro de Demencia de Autor, para que compartiera con nosotros esa «filosofía de vida» a través de sus explicaciones y de sus vinos, sus «Demencias», sus «de-Mencías», porque el nombre del vino viene de un juego de palabras basado en el tipo de uva con el que se elabora y por ser un hobby con el que se divierte con plena libertad de trabajo.

Las viñas, muy viejas, se encuentran sobre terrenos bercianos muy especiales sobre todo por su composición, muy  arenosos, y por su inclinación. A lo lago del año realizan poda en verde con el fin de no dejar mucha carga en la viña, observando la salinidad,  el estado de la planta o la vegetación que se desarrolla a su alrededor, intentando interferir lo menos posible en el desarrollo natural de la vid.

     

La vendimia se realiza a mano, realizando una cuidada selección de la materia prima. La elaboración se lleva a cabo en pequeños depósitos de 1.500 l. permitiendo un control más directo sobre el proceso, así como un contacto más directo con el vino.

La crianza de los vinos se realiza en barricas de roble francés trabajando con lías naturales seleccionadas resultantes de la propia fermentación. Posteriormente, se sigue seleccionando estas lías, y limpiando el vino de forma natural mediante los trasiegos que se llegan a realizar  coincidiendo con las distintas fases de la luna y teniendo en cuenta las necesidades técnicas del vino.

Pero dejemos de hablar de los padres y pasemos a conocer a los hijos.

1.- Godello 2011. Vino «natural» elaborado de forma artesanal con la cuasi-extinta godello «berciano».

Se elabora sin desfangado y con decantación natural. Sin estabilizar y si frío, con fermentación espontánea durante 10 días y con adicción de pequeñas dósis de sulfuroso.

Cata: De color amarillo, con menisco dorado y lágrima viva. Se muestra glicérico y untuso. En nariz claro predomino de aromas frutales (uva, manaza y notas de pera) junto a apuntes de hinojo y minerales. En boca muestra buena acidez, manteniendo notas de manzana y con un retrogusto ligeramente amargo. Elegante, untuoso y con un final largo.

2.- Demencia 2007. 100% Mencía. 15% vol. Vendimia en 8 parcelas y terminada el 4-10-2007.

Elaboración: Maceración prefermentativa durante 48 horas. Fermentación alcohólica durante 12 días, realizando bazuqueos manuales que favorecen la extracción de aromas y polifenoles. Descube por gravedad sin prensado. Crianza durante 16 meses en barrica de roble francés. Los 4 primeros el vino se mantuvo con una selección de lías finas realizando frecuentes battonages.

Cata: Preciosa picota con capa alta, casi opaco. Lágrima fina y densa. En nariz necesita agitación para ir abriéndose. Notas de fruta negra, vainillas y ligeros ahumados. Lácteos y minerales. En boca se muestra con buena acidez, con buenos taninos, secante y con cierta astringencia. Un vino al que le queda vida por delante y necesita pulirse en botella.

3.- Demencia 2008. 15% vol. Viñedos seleccionados de 25 parcelas. 100% Mencía. Vendimia terminada el 4-10-2008.

Elaboración: Vinificación en depósitos de 1.500 l., maceración prefermentativa durante 48 horas y alcohólica durante 12 días con bazuqueos manuales. Crianza de 13 meses en barricas de roble francés. Durante los 6 primeros meses se mantiene con lías y realizándose frecuentes battonages. No se pasa por microfiltración ni recibe tratamientos estabilizantes.

Cata: Mantiene la tonalidad del 2007. Picota de capa alta y menisco cardenalicio con lágrima fina y tintada. En nariz fruta negra, mermelada de ciruela, tostados y chocolate, con apuntes lácteos. En boca buena acidez y ligera tanicidad, secante. Se muestra largo, sedoso, con un ligero amargor final, pero elegante y adictivo. Goloso, fresco y equilibrado. Un vino que sin duda mejorará con los años.

4.- Demencia 2009. 15% vol.

Vendimia natural. Despalillado y con bazuqueos, más intensos durante los primeros días, y durante toda la fermentación. Crianza de 14 meses en barrica francesa de 1er, 2º y 3er año con un tostado medio-ligero.

   

Cata: Picota de capa alta y borde cardenalicio. Lágrima fina, densa y tintada. Aromas lácteos, caramelo de nata, de toffe, fruta negra, mermelada de ciruela, notas terrosas y minerales. En boca presenta buena acidez, goloso, excesiva tanicidad y con un ligero calor en boca. Final ligeramente amargoso y largo. Un potro que ha de pulirse en botella, pero con muy buenas hechuras.

5.- Demencia. La Batalla de la Coliflor 2010. Se elabora sin que se haya realizado poda en verde y con una microfermentación en 5 barricas de 2008 de 225 l. Crianza de 9 meses en barrica de roble francés de tercer año. Vino testimonial de apenas 200 botellas de magnum que posiblemente no vuelva a repetirse.

El nombre le viene de una serie de viñetas realizadas por uno de los miembros de Demencia de Autor cuando tenía 10 años y se han utilizado para realizar las etiquetas.

Cata: muestra una visual de capa alta y menisco carmesí. Glicérico y con lágrima más viva, pero fina y con cierta densidad. En nariz muestra aromas de fruta roja, caramelo de nata y apuntes vinosos. En boca fresco y más ligero que sus hermanos «dementes», mostrando menos astringencia. Intenso y de buen recorrido.

Esta cata me dejó un sabor agridulce. Por una parte el placer de compartir y conocer a Nacho León, excelente profesional y mejor persona, y por otra el saber que fue nuestra penúltima cata -nunca diré la última- que se celebró en el Restaurante El Candil de Salamanca, casa de acogida del lobby charro desde sus inicios.

Si París bien vale una misa,  Borgoña bien vale una novena.

Si París bien vale una misa, Borgoña bien vale una novena.

La verdad es que siempre que tengo que resumir una cata de vinos de Borgoña pienso que no trasmito todas las sensaciones que se desarrollan a lo largo de la misma, tanto por parte de los vinos como de los comentarios que suscitan, algunos de ellos viscerales a favor o en contra, y ha que reconocer que eso le da vidilla a la reunión.

Hace unas semanas tuvimos el placer de reunirnos en torno a seis vinos en una cata dirigida por Iñaki Gómez Legorburu y que fueron servidos en base a su denominación: genérico, village, 1er Cru y Grand Cru. 4 de ellos de Pierre Bourée: Bourgogne 2009, Gevrey-Chambertin Clos de la Justice 2008, Beaune 1er Cru Epenottes 2008, Gevrey-Chambertin 1er Cru Champeaux 2008 y Charmes-Chambertin Grand Cru 2008. De Domaine Jacques-Frederic Mugnier Nuits St. George Clos des Fourches 2004 y de Domaine Joblot Givry Clos de la Servoisine 2002 1er Cru.

Como tampoco es plan de soltaros toda la información relativa a las bodegas os pongo los enlaces al importador de Bourée en España, y así salibáis con todo lo que importa nuestro amigo Iñaki y a la web de Jacques-Frederic Mugnier. De Joblot, comentar que su Domaine de 14 hectáreas se encuentra en el corazón de la Côte Chalonnaise siendo uno de los premier crus de Givry, comarca conocida por poseer los mejores terroirs en los que se consigue, gracias a una producción rigurosamente controlada y a su orientación, una excelente maduración de las uvas. Todos los vinos de Joblot envejecen en barrica, frecuentemente de madera nueva.

Y después de esta escueta introducción debemos de pasar a descubrir qué nos aportaron los siete vinos elaborados con la uva tinta reina de la Borgoña, la pinot noir.

1.- Bourgogne 2009. Crianza en barrica durante 18 meses y elaborada la maloláctica con el raspón.

Cata: Muestra un color rubí de capa baja con notas rosáceas (petalos) en el menisco. Lágrima fina y viva. En nariz furta roja muy sutil. Apuntes terrosos y florales. Ligeros mentolados y notas de caramelo tostado. Limpio. En boca muestra una entrada rúsica y secante, buena acidez, de corto recorrido, pero agradable.

2.- Nuits St. Geroge Clos des Fourches 2004. Frederic Mugnier.

Cata: En vista muestra notas atejadas, de capa baja. Lágrima fina y lenta. En nariz notas de reducción que van desapareciendo y dando lugar a tostados, fruta madura, cuero, tabaco, hoja de te y rosa secas, y mentolados. En boca muestra buena acidez y ligero amargor final, con cuerpo y terciarios marcados.

3.- Gevrey-Chambertin Clos de la Justice 2008. Maceración con raspón y una crianza de 20 meses en barrica.

Cata: De color rubí y capa baja, casi piel de cebolla. En nariz fruta roja, sutil y elegante, notas de higos y apuntes terciarios y balsámicos. En boca excelente acidez, sedoso, con muy buena estructura, envolvente y con volumen. Un vino realmente elegante.

4.- Givry Clos de la Servoisine 2002 1er Cru. Domaine Joblot.

Cata: Muestra un color rubí con menisco atejado y lágrima fina. En nariz notas de reducción, cueros, apuntes de carne cruda, mentolados y hojarasca, frutas en licor y café. En boca muestra buena acidez y ataque.

5.- Beaune 1er Cru Epenottes 2008.

Cata: Rubí de capa media baja. Fruta roja, notas licorosas, tabaco y violetas. En boca excelente acidez aunque tal vez se muestra un poco secante.

6.- Gevrey-Chambertin 1er Cru Champeaux 2008.

Cata: Al igual que sus hermanos repite el mismo color rubí de capa baja y lágrima fina. En nariz frutas rojas, apuntes terrosos, calizos, flores secas y tabaco. En boca mantiene la constante de sus hermanos con una excelente acidez, mostrándose complejo, sutil, sedoso y elegante.

7.- Charmes-Chambertin Grand Cru 2008.

Esperando al top -por lo de Gran Cru- con ansia que no defrauda en absoluto.

Cata: Mantiene las constantes de color rubí, capa baja y menisco atejado. En nariz fruta roja, notas minerales, terciarios y tabaco. Complejo. En boca buena acidez, sedoso, elegante y largo. No defrauda y vale lo que piden. Un vino para disfrutar ahora y en muchos años.

Cata en la que sobre todo, aparte de disfrutar, aprendimos y mucho sobre estos vinos que cada día nos enamoran más. A destacar cierta decepción con el Clos des Fourches ’04 tal vez demasiado evolucionado para su añada, el más que correcto Clos de la Servoisine ’02 de Joblot y los realmente espléndidos Clos de la Justice ’08, Champeaux ’08  y por supuesto el Charmes-Chambertin Grand Cru ’08.

Y como no sólo de borgoñas vive uno, pues Carlos Rodríguez, el jefe de cocina del restaurante El Candil nos obsequió con unos platos de cocina en miniatura de entre los que resaltar este «rabo de toro sobre patata confitada y crema de calabaza», que quitaba «el sentío».

La próxima cata será sólo para «dementes», y hasta ahí puedo leer.

Cata con Toni de la Rosa Torelló

Cata con Toni de la Rosa Torelló

El día 24 de noviembre y gracias a Julio González, distribuidor de Bodegas Torelló, y de la Asociación de Sumilleres de Salamanca, tuve un doble placer: el de conocer a Toni de la Rosa Torelló y el de probar sus cavas.

Como introducción a la cata comentar que Toni representa a la vigesimotercera generación de propietarios de la finca Can Martí de Baix, situada en el Penedés, ya que existe como tal desde 1395, y elaborando cavas desde 1951. Finca de 150 Ha. de las que se dedican a la elaboración de vinos y cavas 117 Ha.

Comentar que toda la elaboración, tanto de vinos como de cavas, se nutre de la propiedad (son cavistas), con una producción de unos 10.000 kg./Ha. en el caso del cava y una vendimia realizada en un 100% de forma manual.

En relación con la elaboración hay que distinguir que la tradición no está reñida con la innovación y se han incorporado prensas con la tecnología Inertys, un sistema que protege al mosto de la oxidación durante la fase de prensado de la uva y confiere al futuro vino un suplemento cualitativo indiscutible en su aroma y color. Este sistema también permite reducir la adición de SO2 antes de la fermentación, reduciendo la concentración de sulfitos en el vino.

En relación con las uvas que utilizan para elaborar sus cavas sólo utilizan uvas autóctonas: macabeo, xarel.lo y parellada

Y en relación con los cavas sólo elaboran cavas Reservas -un 30%- con una crianza entre 15-30 meses y Grandes Reservas -un 70%- con una crianza de más de 30 meses.

Los cavas que catamos:

 1.- Torelló Rosé BR. 2009. Elaborado con uvas garnacha y monastrell.

 

Muestra en visual una burbuja viva y finísima, corona persistente y  una preciosa tonalidad rosa frambuesa. En nariz notas de frutos rojos y punta de regaliz de fresa. En boca tiene una entrada suave en la que las burbujas no molestan. Cremoso, con una ligera tanicidad. Ligero amargor final y buen recorrido. Un cava que podríamos definir como «vinoso».

  2.- Torelló BN Gran Reserva 2007. Elaborado con Macabeo, Xarel·lo y Parellada de las viñas de Can Martí. Crianza mínima en rima de 36 meses.

 

Pajizo, con burbuja viva y persistente. Notas de frutos secos, tostados, manzana asada. Seco. En boca muestra muy buena acidez y un retrogusto a manzana y frutos secos. Potente y con buen recorrido.

3.- Gran Torelló BN Gran Reserva 2006. Uvas  de Macabeo, Xarel.lo y Parellada de cepas de más de 40 años, y una crianza en rima de más de 48 meses.

 

En vista muestra un color amarillo pajizo con una burbuja fina y continua que forma una corona persistente. En nariz notas de frutos secos, tostados, brioche y manzana asada. En boca excelente acidez, cremoso, envolvente, largo, elegante, con dejes finales de notas de fresas y un amargor final que lo hace adictivo.

    4.- Torelló 225 BN. Macabeo, Xarel.lo y parellada.

 

El vino base de este vino ha fermentado en barricas de 225 litros, de ahí su nombre, y ha tenido una crianza mínima en rima de 30 meses.

En vista se muestra pajizo con un menisco ligeramente alimonado. En nariz notas sutiles de frutos seco, ligeros tostados, notas de pastelería y brioche. En boca se muestra cremoso, serio y con una acidez menos marcada que el GR que lo hace más elegante e inmediato. Es largo y con un retrogusto marcado por las notas de frutos y pastelería.

En resumen, ha sido todo un placer poder probar unos cavas de los que tenía muy buenas referencias, pero que no había tenido el placer de probar. Lamentar en todo caso que sean productos que sólo sean consumidos en ocasiones o fechas especiales ya que son vinos que maridan perfectamente con casi todo -dejando a un lado las alcachofas- y que son plenamente disfrutables a lo largo de toda una comida siendo la forma menos aconsejable de beber precisamente como lo hace la mayoría de los mortales de este país: a los postres.

Sobre si abrirlo con estruendo o con silencio, lo dejo al gusto del consumidor. Para un sumiller el abrirlo con estruendo penaliza, pero en una reunión familiar casi siempre es muestra de alegría y fiesta, siempre y cuando no le saltes el ojo de un corchazo al cuñado de turno.

¡Salud y que ustedes disfruten!

Terroir, terruño, terrazgo

Terroir, terruño, terrazgo

Después del comentario sobre el vino en Japón, hoy retomo un post elaborado hace tiempo de un vino cuya importancia reside en dos pilares: las uvas -juan garcía y rufete- y el terruño –Las Arribes del Duero-.
El vino en cuestión era una primera añada, es el paso de los experimentos con gaseosa a batirse el cobre en el mercado. Señoras y señores, con ustedes… Terrazgo 2004 realizado por Terrazgo Bodegas de Crianza S.L.
Según la Real Academia Española se define terrazgo como:
a) Pedazo de tierra para sembrar
b) Pensión o renta que paga al señor de una tierra quien la labra.
Elaborado en la parte zamorana de la comarca de Las Arribes por tres enochiflados -me permito la licencia- que se enamoraron de la zona y de unas vides de más de 90 años, prefiloxéricas, que van despareciendo a marchas forzadas debido a la política de arranques de la U.E. y a la despoblación de una zona que no se ha mimado a pesar de su potencial.
A pesar de ello, elaboran un excelente vino con personalidad, potencia y estructura que habrá que seguirle la pista en las siguientes añadas ya dentro de la D.O. Arribes.
Como ya hemos dicho antes el vino está elaborado mayoritariamente con juan garcía y rufete, aunque también tiene una pequeña proporción de bruñal.
Sólo utilizan abonos orgánicos, tratamientos con azufre y siguen las labores siguiendo las fases lunares. Además el rendimiento por parcela es de unos 1.800 kg./haf
Cepas de bruñal

Racimos de rufete y de juan garcía
La elaboración se realiza en pequeños depósitos de acero inoxidable de 1.000 litros de capacidad, aunque también cuentan con un depósito de 2.000 litros y una barrica de roble francés de 500 litros en la que se realizan la fermentación alcohólica de una determinada viña. Con estas capacidades se consigue controlar mejor todo el proceso al elaborar por parajes o fincas individualmente y con las variedades por separado en cada tanque.
Para la maduración del vino, utilizan barricas de roble de 225 litros de varias procedencias (Francés, Húngaro y Americano) de las mejores tonelerías, rellenándose según la variedad y el tipo de roble. La duración del proceso de envejecimiento en barrica en esta primera añada es de 13 meses.
Producción 3.200 botellas.

Cata:

Después de decantarlo una hora y mantenerlo a una temperatura de servicio de 16º presenta un color picota de capa alta y con una lágrima densa y tintada.
En nariz fruta negra, guindas en licor, vainilla, regaliz negro, chocolate, notas minerales y mermelada de ciruelas.
En boca demuestra su potencia y juventud. Excelente acidez, buenos taninos y largo.
Como diría un aficionado a los toros: tiene buenas hechuras.