por elbaranda | 2009, fermentado en barrica, garnacha, Mencía, Ribeira Sacra, Uvas, Vinos |

Hace unos días le comentaba a un periodista, que me hacía una entrevista para un períodico digital, mi predilección por dos zonas contrapuestas en todos los sentidos (por castas, por clima, por terruños y por situación geográfica), como eran la zona NW y la SE de la península ibérica. Zonas en las que se están produciendo tal vez los cambios y las aportaciones más atractivas del panorama vinícola español, en mi modesta opinión, claro está, y hablando como zonas en su conjunto y dejando aparte nombres emergentes de forma individual en el resto de las zonas vinícolas.

Asi pues el poder participar en una cata-presentación de vinos de una de las bodegas más atractivas de la zona de la Ribeira Sacra, como Dominio de Bibei a través de su enólogo Gutier, era todo un lujo, y como trovador, cronista o escribano -seleccionen ustedes lo que más les guste- paso a describir las sensaciones que me produjeron los vinos presentados, que veo que, como en el anuncio de la fabada, los veo con prisa y «ansia viva» por conocer mis comentarios sobre los vinos de esta bodega con 32 ha. de producción y parcelas de alta densidad de vides y corta producción.
Los vinos.
1.- Lapola 2010.
70% godello, 20% albariño y 10% Dona Blanca. 12,5%. 6 meses en barrica sobre lías.

Cata:
Presenta un color amarillo con menisco alimonado. Limpio y brillante. Untuoso en agitación. La nariz muestra notas cítricas y ahumadas iniciales. Apuntes de crianza en madera, mantequilla, fruta amarilla (membrillo). En agitación despliega matices de flores blancas y minerales. Atractivo.

En boca muestra buena acidez, untuosos, envolvente y largo. Retro marcada por notas minerales y apuntes de tostados. Madera muy bien integrada y un final ligeramente amargoso, sin molestar.
2.- Lalama 2009
85% mencía, 15% brancellao, mouratón y garnacha tintorera el resto. Fermentación en depósitos troncocónicos.
Cata:
Color picota de capa media y menisco carmesí. Notas de fruta roja (fresa) y negra. Apuntes ahumados, notas mienerales (grafito), balsámicos y ligeros apuntes de sangre. Compleja y elegante nariz.

En boca tiene buena acidez, se muestra fresco, con volúmen y una retronsasal en la que aparecen notas minerales, balsámicas (regaliz) y notas lácteas (yogur de fresa).
3.- Lacima 2009
Elaborado con un 85% mencía y un 15% brancellao. 13% vol.

Cata:
De color picota de capa media-baja. Menisco caremsí con reflejos azulado y lágrima fina.
En nariz se muestra cerrado de inicio, algo huraño. Con más tiempo de oxigenación muestra notas minerales, fruta madura roja, balsámicos, apuntes de hojarasca y torrefactos.

En boca tiene buena acidez. Es goloso, fresco, elegante y un pelín secante, sin molestar, más bien sedoso. Muy buen recorrido y retro complejo y elegante.
4.- Refugallo 2009
90% mencía, 10% garnacha, brancellao y mouratón. Envejecido sobre lías durante 20 meses, 65% en barricas de roble francés de 300 litros y 35% en foudres de 45 Hl. y, posteriormente, durante 18 meses en botella. Uvas procedentes del viñedo más jóven de la bodega.

Cata:
Muestra un bonito color picota de capa media-baja y menisco carmesí. En nariz notas de fruta roja, apuntes ahumados y ligeros minerales (pizarra), con notas herbáceas.

En boca muestra un correcta acidez, fresco y ligero, algo corto y «frugal» de sensaciones.
5.- BM Brancellao 2007
60% brancellao, 40% mencía. Fermentación alcohólica en barricas 500l. Envejecido sobre lías durante 20 meses en barricas de roble francés de 300l. y, posteriormente, en botella durante 30 meses más. Sólo se han elaborado 1000 botellas. 12,5%
Cata:
Color cereza con menisco ligeramente atejado y de capa media-baja. Lágrima viva.

En nariz muestra notas iniciales de reducción y medicinales que desaprecen en aireación. Se muestra cerrado. Necesita tiempo para que despliegue las notas de fruta negra, balsámicos, minerales y ligeros mentolados. Apuntes de cáscara de naraja y florales (¿violetas?).
En boca muestra muy buena acidez, mostrandose complejo, largo. Notas en retronasal marcadas por los ahumados y minerales con un final de recuerdos balsámicos (regaliz).
Vino que nos ha parecido muy en la línea de los vinos de tendencia «borgoñona» con una boca que predomina sobre las sensaciones olfativas.
Esto es lo que dio de sí la excelente cata (y post-cata) en la que la zona vuelve a demostrar un gran potencial y un claro elemento diferenciador apostando por castas autócontas y por el terruño, algo que en un mundo globalizador -y la viticultura no escapa a ello- siempre es de agradecer.
¡Salud y buen vino!
por elbaranda | graciano, Rioja, rosados, V.T. de Castilla, verdejo, Vinos |
Hoy comentaré dos vinos que acaba de sacar al mercado el «enólogo volante» Javier Rodríguez de Valsanzo, ambos considerados, para los comunes de los mortales sumidos en la ingorancia vinícola, como menores por una sencilla razón: no ser vinos tintos.
Sí, no hace falta que nadie se lleve las manos a la cabeza, porque sólo hace falta oir y ver lo que se comenta en la zona de vinos de centros comerciales al uso -y en algunas tiendas especializadas- sobre la elección del vino cuando se recomienda un blanco o un rosado. Si al primero aún se le concede el privilegio de la duda, al segundo se le confina al submundo de lo desconocido.

Hay que tener el valor de sacar al mercado un vino elaborado con verdejo y viognier, con 6 meses de crianza en barrica de roble nueva francesa, con 14% vol. y no amparado bajo el paraguas protector de la DO Rueda, sino en la «genérica» V.T. de Castilla y León.
Pues con todo y con eso Javier Rodríguez sale a la palza con Parajes 2011. Un vino de color amarillo con menisco dorado y lágrima fina y lenta. Limpio; con una nariz inicial de fruta amarilla de hueso, notas ahumadas y tostadas, flores blancas, apuntes minerales (caliza), ligeros toques de mantequilla y sutiles toques anisados y de hinojo.

En boca muestra una buena acidez con una retronasal marcada por notas de crianza conjuntada con un buen aporte frutal. Elegante final ligeramente amargo, pero agradable. Esos 14% vol. que asustan en inicio se encuentran muy bien compensados con la acidez que hace que el vino sea fresco y evitando la sensación de calor en boca.
Con todo, aún le falta por conjuntar su aporte de ciranza, pero está muy disfrutable, sin que el aporte de la madera castigue en exceso el aporte primario. Interesante para recatar en 6 meses y comprobar su evolución.
Pero si Javier se atreve con un blanco en este mundo de tintos, le echa más arrestos al sacar un rosado distinto en cuanto a elaboración -fermentado en barrica-, en cuanto a grado -13% vol.- y en cuanto a uva –graciano-, acogido a la DO. Rioja y con un precioso nombre en latín Lacrimus rosae 2012 -lagrima de rosa- con el que ya de inicio va a definir su intenso color y su aporte floral. Pero todo a su tiempo.

El vino se muestra precioso en vista con un intenso color frambuesa con menisco azulado e irisaciones rosáceas. Limio y brillante, con una lágrima fina y densa.
En nariz las notas de fruta roja se imponen de inicio aunque van apareciendo notas esocondidas de naranja sanguina que van dando paso a aromas de pétalos de rosa y a apuntes herbáceos que no molestan y le aporta un toque de frescor.

Boca con buena acidez, untuoso y elegante con un paso de boca en el que resaltan las notas frutales y florales. Goloso, con el aporte de la crianza en madera bien integrado y casi imperceptible, pero que le dota de estructura y con un ligero amargor final que lo hace adictivo.
¡Demos la bienvenida a la primavera! ¡Salud!.
por elbaranda | Ribera del Duero, tempranillo, Vinos |
Tuve el placer de estar en la última visita de Germán R. Blanco en Salamanca y poder disfrutar de los vinos que elabora en la Ribera del Duero con su Milú a la cabeza, algo que siempre es un placer.

Elaborador de 75.000 botellas al año de viñedos con una edad que oscila entre los 35 y los 150 años, vendimiando parcelas por separado y elaborando cada una de ellas también por separado. Realiza la maceración en frío y bazuqueos, con una adición mínima de sulfuroso y no hace ni filtrados, ni clarificados ni estabilizaciones sobre sus vinos.

Pero vamos con los «Milús»
1.- Milú Roble, 2011
100 % tempranillo. Elaborado en barrica de roble francés y americano de 3, 4 y 5 años.

Cata:
Muestra en vista un color picota de capa alta con menisco carmesí y lágrima ligeramente tintada, fina y lenta que más que lágrima es un «quejío». Precioso.
En nariz, notas de fruta roja y negra. Apuntes de ahumados, blasámicos y cacaos conjutados con minerales y ligeras notas de su paso por roble. Muy agradable.
En boca muestra buena acidez con un ataque secante, pero goloso, tánico y potente, dando muestras de que tiene que redondearse en botella, pero con muy buena proyección.
2.- Quinta Milú La Cometa 2010.
100% tempranillo. El 45% del vino se pisa y no se despalilla. Fermenta durante 16 meses en barricas de roble francés de 225 y 500 l. abiertas y usadas.

Cata:
Color picota de capa alta y menisco carmesí. Lágrima fina, tintada y lenta.
En nariz fruta negra, ahumados, notas lácteas (nata y fresa), cerezas y toffe, con una clara evolución aromática en copa a lo largo de la cata.
En boca mantiene una buena acidez. Se muestra tánico, pero no agresivo con cierta sensación secante (piel de castaña). En retronasal notas de chocolate y balsámicos, y ligeramente cálido.
3.- Quinta Milú La Cometa 2011

Cata:
Mantiene las mismas características cromáticas que La Cometa del 2010: picota, capa alta, lágrima tintada y densa. Limpio.
En nariz necesita aireación para que desaparezcan unas notas de azufradas que dan paso a notas frutales maduras (roja y negra), yogur de fresa. Muy frutal.
En boca se muestra goloso, con buena estructura y acidez, fresco y agradable. Un vino de guarda, pero muy disfrutable en el que no se aprecian notas cálidas ni pesadez.
4.- Quinta Milú El Malo 2009
100% tempranillo. Crianza de 18 meses en barricas de roble francés nuevo de 500 y 225 l.

Es un vino de viña de 1 ha. con una edad de 36 años y plantada en espaldera, concretamente de un viñedo de nombre Camino del Calvario plantado sobre una tierra dura y fría de arcilla que dificulta y ralentiza su maduración todos los años. Sólo se han elaborado 900 botellas.
Cata:
Color picota de capa alta. Lágrima fina. Limpio y brillante.
En nariz apuntes iniciales de azufre que desaparece en agitación. Notas de fruta negra y lácteos. Chocolate, ahumados, especias, vainillas. Tiene una nariz elegante, redonda.
En boca se muestra aún astringente y secante, con un taninto potente y buena acidez. Le falta redondear. Le falta tiempo en botella, pero sin duda tiene muy buena proyección.
5. – Viñas Viejas Quinta Milú Pilar 2009
Uvas provenientes de una parcela con 70 años de edad.
De este vino sólo se han elaborado magnums de una barrica de un año de 225 l, tostado medio y tras una crianza de 23 meses.

Cata:
Muestra picota de gama alta. Lágrima fina y densa.
En nariz, cerrado de inicio, pero delicadado. Al airearlo aparecen notas de fruta negra, balsámicas y vainillas.
En boca se muestra fresco, con buena acidez, goloso, sedoso y con buen recorrido.
6.- Quinta Milú El Malo 2010.
Como primicia nos acercó Germán un vino aún por embotellar y claramente por hacer. En vista mantiene la uniformidad de sus hermanos con una gama cromática centrada en los colores picotas de capa alta. En nariz se muestra cerrado en el que predominan aún notas lácteas y apuntes de cacao. Falta ensamblarse y redondear, aunque como muestra de lo que llegará tiene buenos mimbres que habrá que comprobar cuando salta al mercado.
Conclusiones:
Se disfrutó, a parte de con la agradable compañía de Germán, con una batería de vinos en los que se diferencian dos líneas: una dedicada al consumo, vamos a llamar «fácil» a través de su Quinta Milú y otra más «seria» como son La Cometa y El Malo, vinos con proyección y con visos de evolucionar bien en el tiempo.

En cuanto a las características todos mantienen una uniformidad en las notas cromáticas y esa dosis de frescura que los hacen agradables aunque algunos de ellos tengan apuntes de dureza que tienen que pulir, amén de destacar por el buen ensamblaje con la medera que hace que predominen las notas frutales sobre la crianza.
Como simpre, un placer contar con el padre de las «criaturas» y disfrutar con su compañía y explicaciones que espero repita por estas tierras.
¡Salud!
por elbaranda | DO Bierzo, Mencía, rosados, Vinos |

La verdad es que no es muy común que en enero salga al mercado un rosado ya que suelen ser vinos más destinados al consumo veraniego, pero en Losada Vinos de Finca se han soltado la melena y nos han dado un soplo de aire fresco, de alegría y de color con este 5 Rosas sobre lías 2012 elaborado exclusivamente con mencía, fermentado en depósito de acero inoxidable, con sus 13% de vol., y con una excasa producción: 2.000 botellas para afortunados, entre los que me encuentro.
El vino es precioso en vista, con un color fresa y ribete ligeramente azulado. Limpio y brillante, atractivo.
En nariz se muestra limpio y sin defectos, desplegando aromas de fruta roja fresca, regaliz rojo, apuntes de caramelo de nata y notas florales (claveles)
Fresco en boca, con muy buena acidez, envolvente y untuoso. De paso ligero, pero vivo, agradable, goloso y adictivo.
Retronasal marcada por las notas frutales y con un ligero amargor final que lo hace elegante.
La verdad es que me ha gustado y he disfrutado con él. Lástima que en este país no se valoren más este tipo de vinos, los rosados, de entre los que les recomiendo Mas Comtal rosat de lagrima (merlot), Viña Salamanca (rufete y tempranillo), Docetañidos (un Cigales con 80% Tempranillo, 10% Albillo, 5% Verdejo y 5% Sauvignon Blanc), Pago del Vicario (manchego elaborado con petit verdot), o los Chivite 125 y Viña Tondonia Gran Reserva.
Por cierto, si se animan, aporten sus rosados favoritos que aunque estamos ahora sufriendo los rigores del invierno hay que ir empezando a elaborar la lista para este verano.
por elbaranda | graciano, mazuela, Reflexión, Rioja, tempranillo, Vinos |
La verdad es que si miramos por el revisor en nuestra hitoria vinícola, somos unos bebés en relación con nuestros vecinos franceses y no sólo en el ámbito de la cantidad, sino sobre todo, de la calidad. Hemos recorrido un camino, quizás, demasiado rápido, con demasiados cambios en poco tiempo, con demasiadas influencias externas que han evitado el econtrar un estilo propio, no en el conjunto de la viticultura española -algo imposible si partimos de la existencia de claras diferencias en clima, suelo, castas…-, sino dentro de cada una de las zonas vinícolas en las que se divide nuestro país, observando incluso como dentro de una propia bodega pueden existir tendencias distintas y contradictorias.
Hemos pasado por un tiempo oscuro similar al románico en el arte, en el que los buenos haceres quedaban reducidos a pequeños «conventos» en zonas como La Rioja y sobre todo, el Marco de Jerez, lugares en los que la sabiduría de los clásicos había quedado recluida y reducida a sus propios muros. Con el devenir de los tiempos las tendenicas evolucionan y pasamos del oscurantismo a ligeros atisbos de luz que no hacen sino dar palos de ciego. Y así vamos del arco de medio punto al flamígero sin solución de continuidad, de la sobrecarga de la madera a la sobre-extracción de la fruta, y en las últimas tendencias, a una sobresaturación olfativa y a una excesiva acidez que en el disfrute del vino, terminan ahí, dejando a la boca totalmente huérfana de sensaciones.
Siempre nos quedará Picles con el fin de no perder de vista una arqutectura clara, sencilla y armónica, al igual que siempre nos quedrá el disfrutar de vinos que llevan la máxima griega «μηδὲν ἄγαν», el nada en demasía, el buscar el equilibrio. Algo tan simple y a la vez tan complejo y que sólo encuentro en los grandes vinos de El Marco, en los «clásicos» de La Rioja y en Borgoñas que han cuidado y defendido su forma de ser a pesar de las presiones externas.
Está claro que las modas se repiten y que tras arriesgadas apuestas siempre se vuelve a la influencia de Balenciaga o Valentino, pero con lo que no comulgo es con intentar combinar azul y verde por mucho que se empeñe Agatha Ruiz de la Prada, porque sólo verlo «muerde», aunque he de confesar que no le queda nada mal al maestro Chicote.

Marqués de Riscal GR 2001 150 aniversario. Bodegas Marqués de Riscal.
Elaborado con las uvas propias de la zona riojana: tempranillo, graciano y mazuelo, de viñedos de más de 30 años y con una crianza de 30 meses en barrica de roble y 3 años en botella antes de salir al mercado. 14% vol. D.O.C. Rioja.
Presenta en vista un bonito color picota de capa media y con menisco rubí. Lágrima fina. Limpio. En nariz y a copa parada apunta notas de chocolate, cueros y frutas negras, café, ligeros animales. En agitación apuntes de fruta roja, notas terrosas, elegantes tostados, notas balsámicas y apuntes de naranja sanguina. Canela, sutiles mentolados y notas especiadas. En boca muestra una buena acidez y excelente ataque. Taninos pulidos y a la vez golosos. Largo, sedoso, untuoso, con cuerpo y excelente estructura. Retronasal marcada por las notas olfativas. Realmente adictivo.
Comentarios del personal